miércoles, 18 de marzo de 2015

DESFLORADA POR DON MAURICIO EN ZACATECAS

DESVIRGADA EN LA CAMA DEL HACENDADO DON MAURICIO

Marzo de 2015,  FINCA DE DON MAURICIO, PATRÓN  DEL RANCHO  RESEÑA

En algún lugar de Zacatecas, México

El hacendadodon Mauricio Reseña, impresionante, alto, gordo, fuerte, me miraba, sonreía, yo notaba de nuevo aquella sensación de que él me desnudaba con los ojos, yo sabía, lo adivinaba con toda seguridad, que se veía a sí mismo en la cama conmigo, y me imaginaba que ya había llegado la noche que tanto temía, cerraba los ojos y lo veía ya metiéndome su miembro en el vientre ... Sus ojos siempre habían delatado sus intenciones conmigo, apenas escondidas en su actitud amable y paternal  como cuando me dijo que le recordaba mucho a su nieta que vive con sus papás en el Distrito Federal.
Yo sabía, era bien consciente de ello y no me hacía ilusiones sabía que el amo del rancho, don Mauricio, me reservaba para él.  No me importaba,  ser una de las nenas  del patrón es mejor  que ser desvirgada en cualquier rincón del rancho por alguno de sus sirvientes o vaqueros,  eso lo tenía muy claro y  aceptaba lo que en su momento había aceptado mi madre, ser cariñosa con él y quedar bajo su protección y su techo. Pero tenía miedo de cuando me llegara el momento de dejar de ser virgen, mucho miedo.
Era para mí una sensación extraña, el  amo es un hombre mayor,  yo me imaginaba por las noches en lo que él algún día, tal vez pronto, me haría, y me desesperaba porque ya no tenía la sensación de asco de las primeras veces que me había pasado esa idea por la cabeza, no, ahora era algo inquietante, eso sí, pero me excitaba pensando en don Mauricio  acostado desnudo encima de mi cuerpo introduciendo  su pene en el vientre, me imaginaba su boca , aplastando mis labios, y me tocaba ...
Y, finalmente, él, sin ningún disimulo, una noche después de servirle la cena en su habitación, cosa que me  había ordenado por decir no encontrarse muy bien, me agarró por la cintura y puso su mano en mi hombro sentándome a su lado en un sofá y me obligó a beber un vaso de tequila con él.  Me estremecí ... Mi madre había ya cerrado la cocina y se había ido a dormir al igual que el resto del servicio. Estábamos solos, el hacendado y yo en su cámara. Y sus ojos enrojecidos de haber bebido mucho me presagiaban lo peor.
Me dijo que yo le gustaba, que soy muy bonita, le oí hablar como si todo fuera un sueño, me lo quedé mirando como una tonta, entonces me tomó por los hombros y me besó, fue un beso violento, yo apartaba la boca, pero él con fuerza me la abrió, metió en ella la su lengua hasta frotarla con la mía, noté un sabor intenso a cerveza  y comida, después me desnudó sin que yo pudiera hacer nada para evitarlo, me apoyó en la cama y besó mis pechos, apretando los pezones con los dedos pellizcándome hasta hacerme daño, a la vez que su mano me acariciaba entre las piernas, en la parte interna de los muslos.
Después me preguntó si quería ser su nena, yo cerré los ojos y le dije que sí, ya imaginaba qué quería decir, entonces lo primero que vi fue que él ahora ya estaba completamente desnudo, se acababa de bajar los calzoncillos, se arrodilló sobre mí ... Vi su pene, era algo muy grande, hizo que lo agarrase  con mis manos y que se lo moviera, primero me dio mucho asco pero luego me parecía estar jugando, sentí una sensación de expectación,  su  miembro olía mal  y él a sudor rancio de todo el día en la hacienda, su pene se endureció aún más;  don Mauricio me besaba y me tocaba ...
 Entonces hizo algo que me horrorizó, se sentó en la cama, cogió mi cabeza por la nuca y el pelo, me hizo abrir la boca y tuve que dejar que introdujera su pene en ella ... Me hizo lamerlo con la lengua y luego chupar-lo como un caramelo de palito ... Su pene tenía un sabor y olor muy desagradables, ya lo he dicho, como de orines rancios ... Al final creo que se dio cuenta de que yo estaba a punto de vomitar de asco , porque sonrió, dejó mi cabeza y se dedicó a pellizcarme, sorberme  y morderme en todo el cuerpo, creo que esto le provocaba una excitación especial, pero me hizo daño, a la mañana siguiente yo tenía todo el cuerpo lleno de pequeños hematomas provocados por sus pellizcos, mordeduras y chupadas.
Yo le dejaba hacer, ahora, a pesar del dolor que me causaban sus uñas y dientes, ya no me desagradaba su olor ni sentir que él estaba jugando con mi cuerpo, tocándome por todas las partes, incluso arañándome como un tigre, ... Y entonces, de repente, me di cuenta que  don Mauricio, poco a poco, lentamente, me estaba bajando las bragas hasta quitármelas del todo, yo, asustada, le miré a los ojos y él me dijo con la falsa amabilidad de su voz seca y autoritaria:
-Estás muy buena, encanto, eres una nena muy guapa, bonita, verás que bueno lo pasarás...
Al escuchar eso me quedé paralizada unos segundos al tiempo que sentía una sensación de terror ... Iba a ser mi primera vez, don Mauricio, el amo del rancho , me iba a desflorar, noté que me faltaba respiración , que debía marchar de allí, cosa  que sabía que era imposible o mucho peor que encamarme con el hacendado , intenté incorporarme, pero me sujetó fuertemente contra las sábanas, él sonreía, yo me movía para liberarme y a él ya le encantó que lo intentase, parecía excitarse mucho sujetándome mientras yo me agitaba a fin de liberarme de su abrazo, aplastó sus labios en los míos y estuvo un largo rato besándome y paseando su lengua por mi boca, mi cara, mi cuello, me mordía como un vampiro hasta hacerme gritar  mientras me apretaba los pechos y yo gemía del dolor que me producía su presión en ellos...
El patrón me pellizcaba el culo, me chupaba los pezones, me tocaba el sexo, hasta que al final dejé de resistirme a lo que me estaba pasando, y, no sé cómo, me di cuenta que le había abrazado, que dejaba que me besara y me mordiera, y que el peso de todo su cuerpo descansaba en mi sin poder respirar ... Y sentí, sorprendida, que el hacendado había bajado su cabeza a mis muslos, que con los dedos acariciaba mi sexo, que lo apretaba, y me hacía gritar cuando lo lamía y pellizcaba, que pasaba ahora la lengua por mi sexo, por fuera y por dentro, y notaba su saliva húmeda y cálida en mi vagina. ..
Él sudaba y hacía todo lo que quería conmigo, y me dijo:
-Ahora, zorrita, ahora verás como te gusta cuando mi culebra te entre en el  cuerpo ..
Noté con horror y mucho miedo de que ahora él me estaba empezando a introducir el pene en el vientre, sí, con la mano había llevado la punta de su miembro a la entrada de mi sexo y había empezado a entrar en mi vagina , poco a poco pero sin dudarlo y entonces sentí que su pene había topado con algo que lo detuvo. Al sentir la presión, la cara de don Mauricio cambió de una manera extraña y perversa,  más malicioso y mucho más excitado y dijo:
-Ah !! Quieta, putita, yo ahora te la meteré toda en tu barriga, sí, verás que bueno que es !!!!
A lo que le contesté como pude, con un gemido, intentando resistir al darme cuenta de lo que realmente ya me estaba pasando, sí, el  amo, que ahora era como si fuera un animal salvaje, me estaba clavando su pene, no era un juego, esa presión era que mi cuerpo se iba a romper, que él me estaba a punto de desflorar ... Y pasó ... Sentí de repente un gran dolor en mi vientre, mientras noté que el pene del hombre se metía completamente en mi vagina, y aquella polla enorme entró profundamente en mi cuerpo.
Don Mauricio me había desvirgado con un impulso y una penetración enérgica y violenta, ahora comenzó a moverse brutalmente, sin importarle para nada mi sufrimiento ni mis gritos, era un dolor muy fuerte porque aquello era muy grueso y largo, empecé a llorar y gemir, mi cuerpo se tensó estremecido y entré en unos saltos espasmódicos, él se detuvo un momento, jadeante y babeando, y me dijo:
-No te muevas tanto, perrita, porque te puedo hacer mucho más daño si continúas tan nerviosa, puta, ya veo que parece que eres un poco estrecha ...
Yo, aterrorizada de pánico, obedecí y me quedé quieta, sin resistir, dejándole hacer lo que quisiera con mi cuerpo, él se movía como una bestia descontrolada encima de mí, jadeaba, gritaba, aullaba, hasta que, y eso que la penetración era muy dolorosa, yo, sorprendida, me di cuenta de que empezaba a sentir una excitación indescriptible ... Y aquello duró un tiempo que me pareció eterno, yo sentía a la vez dolor y placer, mientras el patrón se convulsionaba de una manera pavorosa moviendo mi cuerpo como si fuera una muñeca inerte, un títere de paja...
Me ahogaba, su peso era enorme, y cada vez que su pene llegaba al fondo de mi sexo me parecía que me estaba reventando, me dolía como si mil navajas se clavaran en mis entrañas... Entonces el hacendado gritó aún más fuerte, soltó un grito espeluznante e inhumano, y me apretó el cuello como si fuera a estrangularme mientras su culo se impulsaba mil veces arriba y abajo casi saliendo su pene de mi vientre y volviendo a  clavármelo  cada vez con más fuerza ... Mientras tanto,  me faltaba aire ,me ahogaba, y noté como inundaba mi vagina un líquido muy caliente, a borbotones, un líquido viscoso y ardiente, al  tiempo que experimentaba una desconocida y terrible sensación, grité también yo de desesperación, dolor y placer, y don Mauricio lanzó entonces unos chillidos y aullidos de satisfacción, con lo que anunciaba la culminación de su brutal placer follándome.
Después de unos instantes, el amo se fue quedando quieto, poco a poco, respiraba resoplando, sudaba, olía a diferentes cosas, mientras yo gemía de dolor y también de vergüenza por habérmelo pasado bien, muy bien, al final ...  Don Mauricio se quedó encima de mí, aplastándome con su peso, llenándome con su sudor y sus malolientes olores, mientras yo noté que él iba sacando su pene del interior de mi vagina, y se fue separando hasta quedar a mi lado, respirando con dificultad, al igual que yo, mientras me tomaba por la cintura y me acercaba a él. Estuvimos así un rato bastante largo, él acariciaba mi cuerpo, ninguno de los dos hablaba. Me tocó el sexo, y me dolía. Un líquido me mojó la mano al meter los dedos en mi vagina, me miré y adiviné el semen viscoso del hombre mezclado con la sangre de mi sexo de virgen desgarrada ... Oí que el amo roncaba , se había quedado dormido abrazado a mi cuerpo. Estaba dolorida, cansada, muy cansada, y mareada. Me notaba la cara húmeda de la mezcla del sudor de los dos, de su saliva al besarme y lamerme y de mis lágrimas. Conseguí extender sobre nosotros la cubierta de la cama, y me fui quedando yo también adormecida.
Tiempo después, tal vez después de una hora, desperté y me di cuenta, sorprendida, que su pene estaba otra vez duro, tieso, enorme. El hacendado estaba de nuevo despierto, y en la mesa de noche junto a la cama vi una botella de algún tipo de bebida abierta que antes no estaba. Entonces, inesperadamente, me giró y me cogió por la espalda, me sujetó con una mano un pecho y con la otra mi vagina, se estiró encima de mi espalda y sentí con tremenda sorpresa como su gran pene se iba introduciendo entre mis nalgas...
Yo noté como su polla se metía con dificultad entre mis nalgas, le costaba, pero de repente, ¡qué horror! ¡Otra violenta penetración, ahora en mi culo! Sentí que me desmayaba de dolor, pero él me sostenía, ahora llegó lo peor, me levantó por los pechos dejándome caer hacia atrás empalado mi ano en su inmenso pene, me tiraba hacia atrás y hacia adelante, me levantaba y me dejaba caer , fue terrible y, de nuevo, lo reconozco, también enloquecedor de sensaciones contradictorias de sufrimiento, excitación y placer, todo al mismo tiempo, de forma entonces para mi incomprensible, al ser la primera vez que las experimentaba todas al mismo tiempo!
Al cabo de un rato de tremenda agonía y deleite, sentí que otra vez algo caliente me invadía por dentro, el hombre se estaba corriendo ahora en mi culo ... Después, cuando se recuperó, vi sorpresa, que don Mauricio, sonriendo divertido con expresión muy fatigada, acercó su cara a la mía y me besó en los labios. Creo que me di cuenta entonces realmente que el hacendado me había desvirgado dos veces, que yo estaba preparada para lo que me había hecho por delante, sabía lo que pasaría aunque me hizo mucho daño antes de llegarme el placer, pero no me imaginaba esto de atrás, no esperaba descubrir que al hacendado también le gusta meter el pene en el culo de las chicas, era algo en lo que nunca había pensado ni imaginado que alguien me haría a mí el día que me desflorarse, algo que solo de pensarlo siempre me había espantado...

Así fue como el hacendado me transformó en una de sus muchas jóvenes amantes, igual que había hecho años atrás con mi madre… Un recuerdo amargo y angustioso, pero al mismo tiempo, también excitante del momento más duro y extraño de mi vida ... A veces incluso me viene la fantasía de pensar que a mi madre la preñó don Mauricio –no os lo había dicho, soy hija de madre soltera-, y, por eso, tal vez me ha desvirgado y me folla cuando le viene en gana mi propio padre… Y lo que más me excita de este pensamiento perverso, es que si en realidad esto fuese así, seguro que él lo sabría y se divertiría pensado que estaba desvirgando y follando a su propia hija… No sé, no ahora, no ahora, claro, pero tal vez dentro de unos años, antes de que ella muera, le preguntaré a mamá quien fue mi papá en realidad en vez de ese mítico e irreal mariachi nómada del que a veces me habla… Y tal vez su respuesta  sea  esa,  que don Mauricio era mi padre, no me extrañaría…

miércoles, 18 de febrero de 2015

DON ALFREDO, EL ABUELO DE CHARO, ME DESVIRGÓ


El día en el que don Alfredo, el abuelo de mi amiga  Charo,  me desvirgó


Relato de Teresa


Fue en uno de los primeros días de vacaciones del pasado verano. Bajé del tren a unos treinta kilómetros al norte de la ciudad. Ya le había dicho a mi madre que iba a pasar el día con mi amiga del cole, Charo, a la casa que su abuelo, don Alfredo,  tiene junto a la playa.

Iba a ser un día divertido, íbamos a bañarnos en la playa y en la piscina de la casa, y tal vez don Alfredo nos dejase subir a uno de sus caballos. La primera sorpresa –de las muchas que iba a tener aquel día- fue que esperándome en la estación del ferrocarril no estaba mi amiga, pero sí su abuelo, don Alfredo,  un hombre mayor, de hecho un anciano. Siempre había pensado que el viejo cacique me miraba de una manera que impresionaba. Incluso una vez, hacía una semana, le tuve que decir en su casa que no fuese malo, que no se pasase, porque en un momento en que mi amiga Charo había ido al lavabo, él me agarró por detrás en la cintura y me dio un gran pellizco en el culo, que me hizo gritar mientras él sonreía con fuego en los ojos. Yo me lo tomaba a broma, no me podía enfadar, porque mi mamá trabaja de cajera en un supermercado que es propiedad de don Alfredo, y mi papá conduce una furgoneta de una empresa también de él.

Iba vestido con una camisa blanca abierta, mostrando unos collares de oro, unos viejos tejanos con un cinturón adornado y unas botas de montar. Subió a su coche, un enorme todoterreno que yo ya tenía visto, y me hizo gestos de que me acercase. Arrancó el coche. Me dijo que Charo había tenido que marchar a ver a su tía Francisca, que se había puesto enferma y no vendría hasta la tarde, pero que ya que yo estaba allí, era una lástima perder el día, y ya me acompañaría él hasta que regresase mi amiga. Yo, insegura, le dije que no quería molestarle, que me dejase en la estación del tren para volver a mi casa, y que ya vendría otro día. Don Alfredo me miró y me sonrió de forma extraña. Me dijo que yo no molestaba, que no me preocupase, que sería un día muy divertido. Paramos en una especie de bar-restaurante, donde parecían conocerle muy bien, porque le trataban con mucho respeto. Nos sentamos en una mesa, y al poco rato, teníamos delante un plato de costillas de cordero, otro de jamón serrano, otro de queso y uno de calamares. Y delante nuestro, dos enormes jarras de cerveza. Yo le dije que prefería una naranjada o agua, pero el insistió en que debía de beber ya cosas de mayor, y, yo que nunca bebía nada con alcohol, tuve que beberme aquella jarra de cerveza. No me gusta mucho, pero, bueno, por lo menos estaba fresca.

Poco después, entramos en una especie de camping, en el que había un gran número de caravanas, algunas parecían ocupadas, la mayoría cerradas o abandonadas. El vigilante de la entrada le saludó con mucha educación y casi diría yo que con miedo. Me sorprendió que no hubiésemos ido a su casa, y se lo dije, pero me contestó que allí había hoy una reunión familiar, que me encontraría incómoda entre tanta gente, y que ya iríamos por la tarde cuando recogiésemos a Charo en la estación. En aquel camping, que recuerdo se llama “El Pulpo Llorón”, vi que había una piscina, con una serie de gente bañándose. Familias y parejas. El coche se paró junto a una caravana cerrada que había cerca de la zona de la piscina. Yo me sentía algo rara, como mareada, supongo que eran los efectos de la cerveza que había bebido y a la que no estaba acostumbrada. Don Alfredo me miró de una manera que me inquietó. Sonrió y colocó una mano en mi cabeza. Yo llevaba el pelo recogido en la nuca con una cinta, y él sacó la cintita y dejó libre mis cabellos sobre mis hombros. Sentí sus dedos en mi cara, y me puse algo nerviosa. Salimos del coche. Me agarró de la mano y me llevó hasta la caravana. Yo no sabía que hacer, todo aquello era algo raro, pero yo no quería ser maleducada con el abuelo de Charo. Y había sido siempre un hombre muy atento y educado conmigo, aparte de aquella mirada extraña inquietante que le notaba.

Entramos. Había una cama-litera de matrimonio en uno de los extremos, una especie de cocina en el otro, una nevera, un televisor con un video, un armario y un lavabo con taza de water. Don Alfredo me dijo que íbamos a bañarnos en la piscina, que nos cambiásemos. Yo me sentí parada, nerviosa, sentía una amenaza en desnudarme ahora delante del abuelo de Charo. Él lo notó, y se puso a reír. Se quitó la camisa, las botas y los tejanos, y se quedó sólo con un bañador del tipo slip, de color negro, y los collares en el pecho. Se le veía delgado, se le marcaban los huesos, pero no enfermizo, fibroso y casi atlético, el cuerpo cubierto por un abundante vello, ya blanco por la edad, y un bulto considerable en el bajo vientre. Sentí que mi cara enrojecía al darme cuenta de que el anciano parecía tener un pene y unos testículos muy grandes… Se cruzó de brazos, con cara burlona, esperando que yo me desnudase. Yo no sabía que hacer, estaba mareada, en realidad lo que me habría gustado hacer era acostarme en aquella cama y dormir un rato, o por lo menos cerrar los ojos y estar tranquila, pero hice lo único que me pareció lógico para no parecer una tonta miedosa o maleducada. Me quité la camiseta y me bajé los tejanos, y quedé desnuda, con sólo el mini sujetador y la braguita de mi bikini tapando partes mínimas de mis pechos y mi sexo.

Estábamos al inicio del verano, y yo estaba todavía muy blanca y mis ojos supongo que mostraban mi desconcierto. El me volvió a mirar de arriba abajo y dijo que bueno, que fuésemos a la piscina. Me acerqué a la puerta de la caravana, donde estaba él, en medio, sonriéndome de una manera que ya no me gustaba. Se apartó para que me acercase a la puerta. Fui a abrirla, cuando don Alfredo, a mi lado, de pronto, me agarró por la cintura y la cadera, me giró hacia él, y me apretó contra la puerta. Como yo no esperaba eso, me tomó por sorpresa, y, sin poder  evitarlo, noté su cara en la mía, sus labios apretando los míos –era la primera vez que un hombre me besaba de manera sexual- y su lengua luchando con mis dientes para introducirse en mi boca y unirse a la mía…

Yo grité…Él me tapó la boca, y con un zarpazo de su otra mano, me quitó el sujetador del bikini y me pellizcó el pezón de una teta. Se abalanzó sobre mí y me volvió a apretar contra la puerta, besándome y abrazándome con toda su fuerza. Yo me resistía, y horrorizada me di cuenta de que me estaba bajando la braguita, que acabó cayendo al suelo. Noté una cosa rara en mi vientre, y, dando un grito, me aparté, retrocediendo hacia el único lugar que podía, la cama.

Entonces le vi… Vi el horror, el horror por primera vez…Don Alfredo se había quitado el slip, y estaba completamente desnudo… Un pene enorme, con unos grandes testículos cubiertos de pelo blanco, estaba erecto, apuntando hacia mí… Me quedé paralizada de terror… Quería gritar pero no me salía la voz… Y cada vez estaba más mareada… El anciano se movió de un salto y se lanzó sobre mí. Intenté apartarme, separarme, pero no pude… Don Alfredo era mucho más fuerte de lo que parecía… El anciano agarró mis dos pechos con sus manos y los apretó como si fuesen pelotitas de goma. Y me pellizcó de nuevo con fuerza los pezones, grité de dolor y de sorpresa… Pero los pezoncitos se me pusieron muy duros y aumentaron su tamaño… Me agarró, me apretó contra su cuerpo, me volvió a besar, y, con un movimiento muy violento, me arrojó encima de la cama de la caravana.  Y,  saltando con gran agilidad, se lanzó sobre mí y me cubrió con su cuerpo. Noté todo su cuerpo encima del mío…  El anciano sudaba, jadeaba como un animal, parecía una extraña fiera furiosa, yo me sentía abandonada, débil, sabía lo que él me iba a hacer… No hacía nada por evitarlo… No podía resistirme, moverme…  Una especie de gruesa serpiente serpenteaba por encima de mi vientre... Yo sabía que pronto querría meterse dentro de mi cuerpo…  No sé si lo soñé, pero por un momento me pareció ver que una especie de cámara de televisión que había encima de la nevera se había movido… Y recordé un objeto, como un mando de televisión, que el anciano tenía en la mano antes de soltarlo y abalanzarse sobre mí… El anciano me besaba en la boca, el cuello, me lamía, me chupaba los pezones de los pechos - ¡que sensación más rara sentía yo cuando lo hacía!-, todo aquello me alarmaba porque descubrí que me gustaba mucho, parecía que el anciano sabía lo que tenía que hacer para que yo me lo pasase bien, se le notaba muy seguro, a mi me gustaba y espantaba al mismo tiempo sentir su peso encima de mi, su vientre y su pecho aplastando y oprimiendo los míos…

Noté que sudaba, que yo también me movía aunque su cuerpo pesaba bastante encima del mío…Y sentí, de golpe, que algo se metía en mi sexo, algo se metía en  mi vientre…. Algo empezaba a entrar en mi cuerpo…  

Sí, había empezado a meterme el pene…  Noté, asustada, horrorizada, que se abría paso, que estaba entrando en mi sexo, que era algo grande y muy caliente y duro que se estaba introduciendo en mi cuerpo, cada vez más, estaba impresionada, paralizada, si,  el viejo me estaba metiendo su pene, me estaba violando, aquella cosa penetraba, me abría, apretaba… Me quedé paralizada, sin respirar, abrí los ojos, a punto de gritar, noté que me llegaba el pánico, el miedo, que debía de huir, pero no podía moverme, estaba quieta, le dejaba hacer, no sé qué me pasaba, estaba como inmovilizada… Y, de pronto un dolor repentino, como un  pinchazo, un corte en mi vientre, como si una navaja me hubiera cortado algo, como si un cuchillo se hubiese clavado dentro de mí.  

Dejé ir un grito que se transformó en un gemido prolongado, mi cuerpo se estremeció, tiré la cabeza hacia atrás, apreté mis labios, volví a quejarme y gemir, noté como la polla del viejo seguía metiéndose en mi vientre hasta lo más hondo de mi sexo, y me hacía más daño,  di más  gritos que el anciano silenció tapándome la boca con una mano mientras con la otra agarraba mi culo y lo apretaba contra su sexo, como ayudándose el mismo a meter su miembro hasta lo más profundo de mi vientre, y yo sentía más dolor y desgarro…

 Sí, era seguro, no había ninguna duda, don Alfredo acababa de meter toda su verga, toda aquel enorme pene, dentro de mi, me lo había clavado hasta lo más hondo, me había roto aquello que se rompe la primera vez que lo haces, el himen… Ahora el viejo cacique se aprovechó a fondo, naturalmente, del momento en que me acababa de desvirgar, me besó en la boca, buscó mi lengua hasta morderla, me lamió la cara, me mordió el cuello, me chupó los pechos, me hizo todo aquello que le proporcionaba placer, y empezó a moverse arriba y abajo, y yo notaba que su polla, entraba y casi salía de mi sexo, entraba y salía, entraba y salía, penetraba más profundamente y casi volvía a salir…

Y aunque todavía notaba dolor cuando volvía a meterla hasta el fondo, me di cuenta de algo espantoso: a mi me gustaba sentir su pene dentro de mi vagina, era como un deleite muy agradable notar el pene del viejo moverse adelante y atrás dentro de mi vientre, especialmente cuando parecía llegar al fondo, el dolor se mezclaba con algo muy agradable que me dejaba sin respiración, yo notaba todo el peso de su cuerpo encima del mío, moviéndose arriba y abajo, moviéndome a mi al moverse él, se aplastaba contra mi, se movía, me continuaba besando, mordiendo, me gustaba… Me apretó el brazo y me soltó. De pronto, sin darme cuenta, como en un sueño, me encontré pasando una mano por su espalda y apretando el culo del viejo contra mi vientre con la otra, al tiempo que lo besaba y seguía como gimiendo o jadeando.  La verdad era que aquello lucía muy bueno, y que nunca me había sentido tan excitada como sintiendo el pene del anciano moverse dentro de mi cuerpo… Me abracé  a don Alfredo, que continuaba moviendo su verga dentro de mi vientre cada vez más salvajemente, respiraba como si le faltase aire, le besé, le mordí el cuello, apreté su culo contra mi vientre, casi hasta hacerme más daño cuando me la metía hasta lo más profundo, me moví arriba y abajo, arriba y abajo, adelante y atrás, adelante y atrás, acompasando mis movimientos a los suyos.  Era inesperado, sí, sorprendentemente aquello me gustaba, su pene no dejaba de moverse dentro de mi, frotándose contra las paredes de la vagina, entrando y saliendo, entrando y saliendo, don Alfredo jadeaba, me miraba, cerraba los ojos, me bañaba con su sudor, yo también sudaba, me gustaba mucho, no puedo explicar bien con palabras lo que sentía…

Inesperadamente, de golpe, como un relámpago, el viejo que me había desvirgado y me estaba follando dejó ir un gemido más alto, casi como una queja desesperada, como si algo explotase dentro de él…  Se quedó quieto un momento, su cuerpo se puso como rígido, como duro, y luego empezó a moverse encima de mi frenéticamente, muy acelerado, a mi me gustaba mucho, parecía que él ya no podía respirar, su polla entraba y salía de mi sexo a gran velocidad, él me movía, me sacudía y me aplastaba como si veinte caballos estuviesen galopando furiosos encima de mi, pero a mi cada vez me sorprendía que me gustaba más, a pesar del dolor… Me maltrataba pero era excitante, y el anciano empezó a gemir más alto, casi a gritar, como si se ahogase, y yo noté entonces, sorprendida, que cada vez que ahora él pegaba el salto hacia adelante, clavándome el pene hasta lo más hondo, un líquido me entraba a borbotones, como si brotase de una  fuente que estaba inundando el interior de mi vientre… Me di cuenta de que don Alfredo estaba eyaculando su semen dentro de mi, que había llegado a explotar en un gran orgasmo, y entonces yo, oh,  no puedo ni explicarlo, no puedo expresar con palabras lo que sentí, clavé mis uñas en el cuerpo del anciano y también reventé, gemí, me quejé, me puse a jadear, me moví tan rápidamente como él, le besé, le mordí…  Era como si mil caballos explotasen ahora dentro de mi, no podía respirar, y aquello seguía, seguía, que ahora era yo quien movía al anciano al moverme yo,… Hasta que me di cuenta de que estaba empezando a quedarme quieta, en reposo, poco a poco, que casi yo ya no me movía, que don Alfredo ya estaba inmóvil encima de mi, aplastando mi cuerpo con el peso del suyo, que a los dos nos costaba respirar, que estábamos bañados en sudor… Yo le estaba acariciando la cabeza, me notaba mojada por dentro, un líquido caliente se movía en mi cuerpo, y se escapaba de mi vientre, él estaba como dormido, como muerto, encima de mí, pero no me molestaba,  me gustaba sentir el peso de su cuerpo encima del mío…

Todo fue quedando en silencio, ya no se oían ruidos, sólo nuestra respiración aún jadeante, poco después mi perverso y anciano violador estaba como medio dormido… Pasó un tiempo, tal vez un cuarto de hora,  y lo aparté un poco, hice que se pusiese de lado para poder respirar mejor, su peso me aplastaba, sentí como su pene salía de mi sexo al moverse de encima de mí…  Se quedó pegado a mi, puso su mano en mi sexo y se dedicó a chuparme el pecho que le quedaba más cerca de la boca, después el otro, yo me atreví -¿por qué no? a- a coger su pene con la mano, a palpar sus testículos… A él pareció gustarle porque dejó ir una especie de ronroneo, pero cuando me fui a dar cuenta se había quedado quieto, giré mi cara para buscar la suya y vi que se había acabado de dormir totalmente, su aliento daba en mi cuello, el calor de su cuerpo cubría de lado el mío, llevé su mano a mi sexo y la dejé allí, me toqué, me toqué allí y en los pechos… Todo parecía irreal… Si no fuese porque de verdad estaba allí, en la aquella cama, con el anciano follador desnudo durmiendo a mi lado, y con una especie de dolor o escozor en mi sexo, todo hubiese sido como una fantasía, como un sueño… Pero todo era real, bien real. Todo había ocurrido de verdad… Yo estaba desnuda, con el abuelo de Charo  que me acababa de desvirgar abrazado a mi cuerpo…  Estaba mareada, dolorida, pero al mismo tiempo… Era terrible, notaba que lo que me acababa de pasar me había acabado gustando, que volvía a atreverme a colocar mi mano en el pene del viejo… Me di cuenta de que encima de la nevera aquella cámara de video continuaba enfocando la cama en la que estábamos don Alfredo y yo… Tal vez el hombre había grabado todo lo que había hecho conmigo…

Y me dormí… No recuerdo nada más, sólo que el anciano me despertó y me dijo que ya era muy tarde…  Habían pasado dos horas… Yo había dormido dos horas. El anciano estaba vestido y me miraba burlón… Me dijo que me duchase en las instalaciones del camping y me vistiese, que Charo ya volvía de y teníamos que ir a la estación del ferrocarril a recogerla… Añadió que me esperaba en el bar y salió de la caravana… Me miré al espejo… 
Yo intuía que aquello  había sido sólo la primera vez, que habría muchas más en las que el abuelo de Charo penetraría en mi cuerpo… Y esa intuición se ha cumplido  plenamente: una o dos veces cada mes nos encontramos don Alfredo y yo en un pequeño apartamento que tiene en un edificio del barrio antiguo de la playa de la ciudad.

Me sorprende que mantenga intactas sus energías y ganas de divertirse conmigo en la cama. Y siempre consigue hacerme disfrutar también a mí… 

Teresa


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domingo, 24 de agosto de 2014

CRÓNICAS LESBIANAS 3: ME HE FOLLADO A LA DELICIOSA MIREIA

Diario de una lesbi: YA ME HE FOLLADO A MIREIA, LA DELICIOSA RUBITA. UNA  DE LAS CHICAS MÁS SEXYS DE LA OFICINA  
                                            
La esperé en la puerta del garaje, un lugar discreto, cuando habían acabado el horario de trabajo. Desde que yo había llegado de directora a la empresa, procedente de la central de México, Mireia era la joven muchacha de la oficina que más me había impresionado,  no podía dejar de mirarla sin quemarme de deseos de tomar aquel cuerpo, aquellos muslos, aquellos labios, aquella piel y hacerlos míos… Al final un día me acerqué a ella en el bar en el descanso para el almuerzo, aprovechando que en aquel momento estaba sola, y le dije que la esperaría a la salida, que iríamos a tomar algo en un bar del puerto deportivo.

Ella me miró con miedo y ansiedad, y asintió con un leve gesto de la cabeza.  Al fin y al cabo muchas de sus compañeras disfrutan y juegan experimentando con ciertos juegos lésbicos sobreentendidos, aunque la mayoría luego tengan los novietes habituales. Y yo no oculto en ningún momento mis tendencias sexuales, por lo que Mireia supongo que imaginó enseguida el motivo de mi invitación, ya que no le debían haber pasado desapercibidas mis miradas y mi amabilidad con ella.



De todas formas  yo sabía que no sería difícil acostarme con ella,  porque es una joven muy agradable que siempre me sonríe cuando la trato de forma amable y parece estar dispuesta a complacerme en todas mis recomendaciones e instrucciones relacionadas con su trabajo. Y además, claro, ya sé que no debo ocultarlo, es la verdad, dentro de un mes debo renovar su contrato inicial de tres meses en nuestra empresa. De momento la he pasado al círculo interior de ayudantes de secretaría más cercanas a mi despacho. La secretaria sénior, su jefa directa, no parece muy convencida de las cualidades laborales de Mireia, pero como es tan lesbi como yo –nos reconocemos enseguida entre nosotras- y ella también tiene sus, digamos, favoritas, en la empresa, no tenía ningún inconveniente en facilitar, sonriendo, que yo hubiese elegido a la chica nueva de la oficina como objeto de mis atenciones y deseos sexuales. En resumen, que Mireia era territorio de caza mío, y punto, que para algo soy la directora, faltaría más.  

Entramos en un edificio de apartamentos del barrio marítimo, en el que tengo un estudio alquilado. Está amueblado a la perfección y tiene una vista espléndida sobre la playa de la ciudad.  Mireia sonrió al fijarse en el nada disimulado telescopio –con visor nocturno de infrarrojos incluido- que tengo instalado en la terraza enfocado a la playa y que tanto divierte a mis amigas cuando las invito a ver ciertas orgías nocturnas que podemos detectar en la playa ocultas en la cómplice oscuridad de la noche.  Me acerqué a la muchacha con un mojito doble en la mano, y brindé con ella por nuestra amistad y por, -se estremeció cuando se lo dije-, por sus ojos, su cuerpo, sus labios, sus muslos y lo guapa que es… Puse música lenta, me aproximé a ella y la tomé de la cintura para bailar. No supo decir que no, y poco después estaba con ella apretada a mi cuerpo, mientras le musitaba palabras cariñosas al tiempo que pasaba mis manos por todo su cuerpo, la manoseaba, la palpaba, acariciaba, pellizcaba… Y, oh, sí, al final, la besé apretando mis labios en los suyos venciendo sus dudas evidentes, con la lengua le abrí los labios y la introduje en su boca,  buscando y acariciando la suya al mismo tiempo que le quitaba la camiseta y le bajaba el mini short haciendo que  cayera al suelo… Ahora ya la acariciaba y apretaba su cuerpo casi desnudo…

Aún tenía el sujetador y la braguita puestos, pero iba a ser por poco tiempo. Pronto la tendría ya desnuda encima de la cama sin que pudiese evitarlo,  mientras yo me quitaba la ropa con gran lentitud y parsimonia mientras le seguía sonriendo, supongo que con el brillo cruel de la araña cazadora en mis ojos… La sujeté por su cintura desnuda y me la llevé tranquilamente al dormitorio. Estaba en penumbra, pero la luz que entraba por las cortinas me permitía ver perfectamente la cama que nos estaba esperando. La muchacha se quejaba con una mezcla de nerviosismo y ansiedad temiendo lo que sabía que le esperaba pero sin poder hacer nada por evitarlo, seguro que fascinada al sentirme tan cerca de ella dispuesto a primero desvirgarla y después follarla a fondo con mi juguete favorito, el arnés de doble pene y textura absolutamente real que es el más moderno producto de los sex-shops del mundo para chicas lesbis como yo… Me coloqué a su lado. Me acerqué a ella. Y pasé mis  brazos por sus hombros. Su piel clara y suave, contrastaba con la mía, morena y dura. Sus ojos eran de color gris, llevaba el cabello suelto, gemía supongo que de angustia y placer cuando yo pasaba la lengua por su cuello y le daba pequeños mordiscos y chupetones como si fuese un vampiro…



Y jugamos, durante un tiempo indeterminado, la besé, la acaricié, probé su sexo con mis dedos, pellizqué sus pezones, mordí su cuello, la hice gemir y gritar de placer….


Me coloqué el arnés, bien sujeto a mi cadera y con uno de los penes artificiales, bien introducido en mi vagina. Empecé a sentir el agradable calor y picor del gel lubricante y excitante que había extendido en las dos partes del juguete, la mía y la que pronto iba a estar dentro del cuerpo de la muchacha.



Lentamente, poco a poco, con la gran delicadeza que te dan los años y la experiencia en seducir putitas como ella, la coloqué en la cama dándole pequeños mordiscos en el cuello, cara y pechos como si yo fuera una ávida vampira draculina,  y me desnudé por completo a su lado,  viendo que sus ojos chispeaban de curiosidad y expectación al ver  el  pene de material sintético en gran erección dominando mi vientre y mi depilado pubis bien sujeto por el arnés. Me senté en la cama, me estiré junto a ella, puse mi mano en la suya, acaricié sus muslos y me giré de costado hacia la jovencita. Le quité suavemente a Mireia el sujetador del bikini, acaricié y apreté sus tetas, pellizqué sus pezones, los chupé como si fuera mi mamita y yo su bebé, mientras ella me miraba, apretaba los labios, entornaba los ojos y gemía. Me incliné más hacia la muchacha, musitándole las más dulces y a la vez sucias palabras que me podía inspirar la magia del deseo y del sexo. Deposité mis labios en los de Mireia, la besé e introduje mi lengua en su boca para jugar con la suya… ¡Qué delicia aquel jugoso dulzor a goma de mascar con gusto a melón y vainilla en la boca al tocar la lengua de mi joven ayudante!

Era como estar  poseyendo una joya de museo. Después de unos momentos besando , lamiendo y acariciando la boca, la cara, el cuello, los pechos, y los brazos de la jovencita, fui poco a poco bajándole la braguita  por sus muslos, las rodillas, los tobillos, hasta dejarla por fin completamente desnuda. Pasé mi mano por su sexo, y noté como ella volvía a gemir y se estremecía. Lo acaricié suavemente, introduciendo un poquito mis dedos hasta localizar y apretar con delicadeza su clítoris... La respiración de Mireia se agitó... Empecé a lamer su sexo, frotando mi lengua contra su pequeño y sonrosado clítoris y pasándola luego por la parte interior de su sexo… La jovencita gemía y su cuerpo ardía mientras temblaba y apretaba mi cabeza contra su vientre… Mojé mis dedos en mi saliva y los introduje suavemente en el sexo de la chica, humedeciendo su interior aumentando el efecto del gel que había extendido en el pene destinado a introducirse en ella,  para poder penetrarla  más suavemente, sin que casi se diese cuenta.

Los gemidos fueron un poco más fuertes, y me miró con los labios abiertos esperando los míos. Separé sus encantadores y mórbidos muslos poco a poco, suavemente, y con naturalidad me coloqué en medio, y fui descendiendo hacia su cuerpo mientras la besaba y acariciaba. Mireia ardía, me abrazaba y correspondía a mis caricias. Con la mano orienté la punta del  pene exterior  y lo  coloqué en la entrada de la vagina de la muchacha. Mireia cruzó sus muslos abrazando mi cadera y mis piernas. Empujé hacia adelante y empecé a introducir mi pene, en el cuerpo de la nena...



Y se deslizó suavemente dentro de su vientre, Sin gran resistencia, noté que cedía un leve obstáculo, rompiendo aquella pequeña barrera que obstruía la penetración del pene... Sentí que el cuerpo de la jovencita se estremecía, se tensaba y dejó ir un grito seguido de unos gemidos al sentir la penetración de mi verga de goma especial... Sus labios jugosos aplastados en los míos, su lengua frotándose con la mía... Mis manos apretándole el culo, presionándole las tetas, pellizcándole los pezones... Mi cadera moviéndose adelante y atrás, haciendo retroceder el pene y volviendo a clavarlo cada vez más profundamente mientras el que yo tenía dentro de mi vagina se clavaba cada vez más profundamente en mi cuerpo... Ella gemía de ansiedad, de gozo, me abrazaba, apretaba sus muslos contra mi cuerpo... ¡Qué locura de placer, que agonía de posesión y éxtasis...!



Y llegué al final, no pude esperar mucho, llegué a la culminación. Me estremecí, y moviéndome como una yegua cimarrón desbocada, gocé como pocas veces había gozado, al tiempo que notaba que al correrme fantasmas húmedos salían de mí y del juguete para inundar el sexo y pubis de la jovencita. 



Y, supongo que por la violencia de mis movimientos, mis gritos, incluso mis aullidos, Mireia pegó también de nuevo un grito, seguido de otros mezclados con gemidos, y una serie de convulsiones que me revelaron que la adolescente también había llegado a un imagino que inolvidable primer  orgasmo conmigo, la primera mujer que se la follaba.




Unos minutos después estábamos las dos estiradas en la cama, abrazadas de costado. Descansábamos, nos tocábamos, mientras nos dábamos besitos tiernos y nos lamíamos la cara mutuamente, como dos gatitas ronroneando en su tejado. Pronto ella  tendría que marchar, Mireia tenía que volver a casa...



 Mirando a su cara mientras nos vestíamos, mientras ella se volvía a poner la braguita, por primera vez vi una especie de destello de miedo en sus maravillosos ojos. Y le dije: 
- Tienes un cuerpo muy bonito y desarrollado, nena… Me ha encantado haber follado por fin contigo…
Mireia me miró, con ojos turbios, llena de sudor, completamente despeinada, y musitó con voz muy floja:
-Oh, no te preocupes, Tatiana, me ha gustado mucho...
Se giró hacia mí, me besó en los labios, me miró a los ojos con un destello de picardía y me dijo.
-Tenía ganas de hacerlo, ¿Sabes?, La mayoría de mis amigas ya lo habían hecho alguna vez, con un tío o con una tía… Y algunas lo hacen con tíos y tías…

En todo esto, me había vuelto a excitar y a desearla.. La agarré por la cintura, la desnudé de nuevo y con un gesto duro, la arrojé encima de la cama. Me volví a colocar encima de ella, le abrí los muslos y me coloqué en medio. Ella sabía lo que íbamos a hacer, me sonrió y me abrazó besándome con toda su pasión. Le musité al oído, mordiéndole la oreja:
-Volvamos a follar otra vez, putita... – frase que le provocó una extraña sonrisa…


Y sin poder contenerme introduje de nuevo mi pene de goma  en el interior de su cuerpo y ella correspondió enseguida a mis caricias apretando con fuerza mi culo contra su vientre mientras de nuevo se ponía a respirar con dificultad y gemía de placer y deseo...Le dije casi sin voz:
-Qué buena que estás, mi perrita…


Y los dos nos perdimos de nuevo en las profundidades de los placeres de los cielos y los infiernos.



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Han pasado tres meses,  Mireia continua siendo mi amante y – con el obligado acuerdo irónico de la secretaria sénior-, también mi secretaria asistente personal-,  pero me temo que le voy a ser infiel,  intentaré que no lo llegue a notar demasiado… En el club al que voy a hacer natación tres veces por semana, he conocido una jovencita inglesa pelirroja y pecosa, Maggie,   que es un encanto… Nos hemos hecho muy amigas porque las dos hablamos en su idioma, ella no conoce aún demasiado bien el español, y esta tarde me he atrevido en el vestuario del resort  a besarla suavemente en los labios y ella ha cerrado sus bellos ojos y me ha correspondido… La he invitado a venir conmigo el sábado y el domingo a una excursión a una cala de la Costa Brava donde hay un camping nudista en el que tengo alquilado un bungalow en medio de un paisaje maravilloso cerca de la playita, y ella ha aceptado, sus padres están en Londres todo el fin de semana… Y cuando ha aceptado le he pellizcado una teta y me ha sonreído…  Mireia no es problema, los fines de semana los dedica a salir y verse con un noviete de su edad muy guapete que tiene ahora…
Pero este tema de Maggie, mi inglesita pelirroja  va a ser otra historia, tal vez pronto os la cuente… 

Baja California y Barcelona, Agosto de 2014


domingo, 17 de agosto de 2014

DESVIRGANDO A NATALIA, LA AMIGA DE MI HIJA

DESVIRGANDO A NATALIA, LA MEJOR AMIGA DE MI HIJA

Edificio Escila y Caribdis
Playa de Castelldefels, 20 km al sur de Barcelona

Agosto de 2014

Cuerpo fascinante de espléndida mujer joven, cara de adolescente todavía aniñada.   Natalia, con los ojos abiertos como platos, no puede apartar la vista de mi cuerpo expuesto frente al suyo. Sabe que tengo vía libre para comportarme fuera de todos los límites sin que nada ni nadie pueda poner freno a mis deseos de sexo con ella, lejos como están, pasando las vacaciones en un hotel de la isla de Ibiza, mi esposa María del Mar y mis hijos, Carlos el mayor y Nuria, la amiga y compañera de clase de Natalia . 

Si tengo que describir mi actitud a partir de este momento, reconozco que tal vez he sido demasiado directo con ella buscando enseguida mi placer, pero no soy precisamente un joven romántico de veinte años, ni pretendo parecerlo. En el vientre, en mi pubis, se alza, aún vigoroso y guerrero, mi veterano pene,  bajo en que cuelgan mis grandes testículos, envueltos por por un bosque de vello ensortijado de color negro canoso por el humo de mil batallas de cama y placer.

Curiosamente, desde siempre, mi hijo Carlos ha fantaseado con que un día Natalia sería su novieta, pero, lo siento, hijo, la carne es débil, por lo menos la mía, y no vas a ser tu quien estrene a esta nena. No tengo remordimientos, Carlos, tu eres un chaval guapo, te pareces a mí a tu edad, y vas a a desflorar a todas las muchachas que quieras, pero a esta lo voy a hacer yo… Y no soy celoso, ya sé que inevitablemente, más pronto o más tarde, te acostarás alguna vez con Natalia, es lógico y normal, en realidad si algo me extraña es que siendo hijo mío no lo hayas hecho ya, oportunidades no te han faltado, Natalia ha pasado muchas noches en nuestra casa y seguro que a  Nuria no le habría importado que te llevases a su amiga a tu habitación… En esto, y por una vez, me alegro de me que hayas decepcionado y me la hayas dejado para mí...


Natalia me observa con nerviosismo  y expectación, cuando la llevo desnuda a la cama y la deposito mientras ella tiembla y me mira. Me coloco junto a ella y acariciándole los muslos le sonrío. Me observa, mientras yo paso mis dedos por sus pezones, pellizcándoselos con suavidad… Me acepta con expresión de incertidumbre, su cara está más sonrosada de lo normal en ella, me doy cuenta de que se ha ruborizado al verme desnudo, lo que aumenta su belleza y el morbo de palpar su piel. Sé que mi mirada debe ser en estos momentos ávida y anhelante, pienso gozar de cada segundo poseyendo su cuerpo antes de desflorarla.

 Me acerco, y le doy un primer beso en los labios. El contacto con los suyos me enloquece, ya ha pasado el tiempo de espera, ya es hora de tomar su cuerpo… Paso ahora los dedos por sus labios. Mi mano, lo sé, exhala olor a tabaco. Lamo su cuello con mi lengua. Le musito rozándole la oreja que ya es mi jodida putita, me mira entre sorprendida y divertida por la excitación de que la llame mi putita, supongo que tiene completamente asumido que la voy a follar y hacer lo que desee con ella realizando todas mis fantasías y perversiones. Empiezo a unir mi cuerpo al suyo, noto como se estremece al sentir el contacto de mi piel en la suya.

Sus pechos quedan libres, al descubierto. Sí, son maravillosos, exactamente como dos peras puntiagudas, con los pezones en el lugar de los rabitos de la fruta. Y es una fruta deliciosa, juego con ellos y luego los muerdo suavemente como si le fuera a arrancar los botoncitos con los dientes.


Natalia gime, su rubor hace que ya su cara empiece a estar roja como un tomate de rama maduro, no sólo de vergüenza y miedo sino supongo que también porque se da cuenta de lo mucho que le gusta lo que he empezado a hacer con ella.  Gateo por la cama, poniéndome a su lado mientras hago que se estire completamente. Acerco mi cara a la suya, toco de nuevo con mis labios los suyos y presiono, besándola con gran pasión por primera vez como su amante pervertidor . Tiene de pronto una pequeña arcada, tal vez le debe resultar repulsivo mi aliento a tabaco y alcohol, pero debe acostumbrase a todo lo que yo soy, y vuelvo a besarla con más fuerza que antes sin que ella me rechace.

 Me encanta utilizar los dedos para jugar con su cuerpo y excitarlo para mi placer. La acaricio. Se los paso por los labios, el cuello, bajo a los pechos, aprieto más fuerte que antes los pezones, recorro el estómago, juego con el ombligo y, por fin llego al  pubis,  le acaricio el sexo dejando que uno de mis dedos empiece a penetrar lentamente, con cuidado, en él. Al darse cuenta, Natalia deja ir un pequeño grito de sorpresa, y gime ronroneando como una gatita en celo, cada vez me apercibo con más seguridad de que, más allá del miedo a lo que voy a hacerle como esposo, esto le está gustando y aturdiendo, es lo que toda la vida he comprobado cuando me he acostado con muchachas que lo hacían por primera vez. Mucho miedo y timidez al principio, pero unas fieras cuando se lanzan al comprobar que follar es el placer más intenso de la vida cuando entran en él de verdad y se entregan sin miedos ni barreras. 

Poco a poco, muy lentamente, le acaricio y le lamo las caderas, las nalgas, el sexo, los muslos, las rodillas, las piernas, los tobillos, mientras ella sigue con los ojos mis movimientos. Natalia mi vestal desnuda, tengo a mi entera disposición su cuerpo de diosa adolescente. Acaricio el escaso vello que cubre su pubis y su sexo, unos pelitos tan dorados como los de su rubia cabeza. Pienso, divertido, al verla tan dispuesta a recibirme, que no seria la primera vez que dejase preñada a una muchacha la primera vez que me encamo con ella.  Pero sé lo que hacer después para evitarlo, no suelo ir por el mundo regalando mi ADN como un adolescente imprudente. Ahora la pastillita posterior me facilita el placer indescriptible de desvirgarla sin la molestia del preservativo impidiendo el contacto rabiosamente directo de mi carne con su carne.


 Me agacho, paso la lengua por la cara interior de sus perfectos y enloquecedores muslos, le lamo de nuevo  el sexo, introduzco mi lengua en el inicio de su vagina presionando el botoncito de carne que encuentro enseguida, la adolescente gime y se estremece, ahora ya estoy seguro de que esto la complace tremendamente y le perturba que sea así...

Mi sirena lucha ya entre el miedo y el placer, tal como yo esperaba,  y entonces es el momento, abro sus piernas colocándome en medio, me dejo caer encima de ella, choca el olor a perfume intenso masculino de sándalo que impregna mi cuerpo con feromonas irresistibles con el aroma a jabón de jazmín y vainilla que exhala el suyo. Siento sus tetas bajo mi tórax, la beso de nuevo pero ahora le abro la boca e introduzco mi lengua más allá de sus dientes jugando con la suya, fresca y jugosa, mi aliento penetra de nuevo profundamente en ella…

 Mi pene está frotándose en su vientre, entre mi cuerpo y el suyo, pronto, muy pronto lo va a tener dentro, voy a devorarla como un monstruoso arácnido a su aterrorizada presa, pero no, todavía no, Natalia aún  debe conocer bien mi miembro antes de tenerlo dentro de su cuerpo…

 Le separo completamente los muslos, tiene las piernas bien abiertas, y estoy ahora encima de ella medio arrodillado. Dejo caer de nuevo mi cuerpo sobre el suyo y jadeo de placer, al tiempo que le musito unas palabras terriblemente obscenas y pervertidas sobre lo que voy a hacer con ella enseguida, para que se prepare… Natalia me mira con estupor y vergüenza, se niega sonriendo con la cabeza a lo que le estoy diciendo, yo, el padre de su amiga y compañera Nuria, pero sabe que no va a poder evitarlo, que la voy a follar y además ella desea que lo haga ya… Su cara ya ha enrojecido del todo, está completamente ruborizada y sus mejillas arden.

 Me incorporo, me arrodillo delante de su cara dejándome caer hacia atrás de manera que quedo medio sentado sobre sus pechos, apoyado en las piernas que tengo dobladas en sus costados y coloco mi pene delante de su boca. Sus ojos se abren como si fueran a salirse de las órbitas, y mira con un contradictorio horror expectante lo que ve que voy a hacer. Pero es necesario que conozca las cosas que más le gustan a un hombre, debo enseñarle a esta nena todo lo que me complace y deleita. Para mí todo está permitido, mis deseos no tienen límites ni fronteras, para eso me la he traído y me he encamado con ella, para practicar en casa todo lo que disfruto haciendo con las jóvenes putas de madame Tatiana o con  cualquiera de las chicas de mi oficina con las que me acuesto habitualmente.

 Le tomo la cara con las manos y la llevo hasta mi miembro. La obligo a vencer su aparente asco y a besarlo, para que conozca su aroma. Presiono con el pene, y ella aprieta los labios. Le pido de forma seca que abra la boca de una puta vez. Se asusta por mi tono, cesa la resistencia, separa los labios y la abre. Rápidamente el tronco caliente de mi miembro entra en su boca mientras sonrío y jadeo de placer. Noto que me estoy crispando, esto empieza ya a ser demasiado, le sujeto la cara y muevo el pene dentro de su boca adelante y atrás, voy perdiendo el control y le introduzco todo el pene, hasta el cuello, de forma que noto enseguida que a la muchacha le vienen arcadas y está a punto de vomitar. Supongo que para ella es una especie de alucinación, una pesadilla excitante de la que espera no despertar. Pero se acostumbrará muy pronto a satisfacer todos mis deseos. Más le vale, claro, no tiene alternativa habiendo llegado a donde hemos llegado. Pero ya no aguanto mucho más, es el momento de empezar a gozar del placer máximo de desvirgar a esta nena, que tanto se parece a mi propia hija, pero, claro, no lo es, sólo su mejor amiga…

 Voy por fin a lo que tantas horas llevo hoy esperando. Llega el momento que ella temía y supongo ahora desea que pase sin más demora. Me incorporo un poco, saco el pene de su boca, la miro echando fuego por los ojos, le murmuro al oído otra serie de frases obscenas. Natalia me escucha y creo adivinar que disimula una sonrisa, y dejo ir un grito salvaje. Hundo mi cara en su cuerpo, le muerdo el cuello  y ella gime, ahora ya claramente de placer. Vuelvo a situarme medio arrodillado entre sus muslos, palpo su sexo con los dedos, le sorbo los pezones como si tuviese los pechos llenos de leche de madre y yo fuese su bebé, aprieto sus tetas en forma de pera como si fueran pelotas de goma… Y veo bien que en su mirada el miedo, el deseo y el placer se le mezclan en una confusa expresión. Su cara está ya empapada de sudor... Gime y tiembla. Me abraza pasando los brazos por mis costados, mi espalda, mi culo.


 Mi pene toca por fin su sexo, con la mano lo coloco en la entrada de su vagina y empiezo a hacerlo penetrar dentro de su cuerpo. Se da cuenta enseguida y noto que ahora tiene miedo, mucho miedo, sabe que es el momento. Me he transformado ya en una bestia feroz, un monstruo perverso, un animal incontrolado, mis ojos la devoran, mis dientes muerden sus pechos, sus labios, su lengua, su cuello, pero soy su vampiro, voy a follar con ella y sentir y hacerle sentir las delicias de todos los infiernos…

 Y, entonces, con un impulso irresistible al sentir como mi pene está entrando en ella, la inmovilizo y la sujeto con toda mi fuerza, pego un empujón hacia delante y le meto el pene en el vientre, le rompo el himen, la desvirgo...



Natalia grita al sentirse desgarrada por dentro y darse cuenta de que ya la he desflorado, y empiezo ahora a moverme frenéticamente encima de ella, introduciendo todo mi pene en su vagina hasta el fondo.

 Natalia sigue gimiendo, paseo mi boca y mis dientes por su cuerpo y su cara, quiero que se de cuenta de que la estoy follando y de que lo haré todas las veces que desee, cabalgo violentamente encima de ella como un animal salvaje. Con la pelvis doy tremendos empujones hacia adelante, como si quisiera atravesar su cuerpo con el pene. Yo lo siento grande, enorme, hinchado, dentro de ella, le hago daño cada vez que empujo para metérselo más adentro, gime, suplica, llora, ríe, suda, me muerde, goza… No puede respirar, jadea, le aprieto el cuello, se asfixia y suelto la presión cuando se ahoga, pero me doy cuenta de que precisamente todo esto le da placer, gime y grita de forma muy diferente al miedo o dolor, lo hace ya como una de mis putitas habituales de la ciudad, o como mi amiga Tea, una de mi amantes preferidas, una chica italiana…


Insisto en mis penetraciones terriblemente violentas, ella vuelve a gritar completamente de placer mezclado con horror, relincho y bramo, me muevo de forma monstruosa, exploto, aúllo y empiezo a eyacular, mi semen está entrando en su cuerpo,  mi orgasmo dura mucho, mi placer es tremendamente infinito y prolongado, grito, reniego, maldigo,  muero y renazco, la sacudo, la muevo como a un pelele, reviento, soy de nuevo el demonio furioso que tantas muchachas conocen, temen y desean, Natalia gime en un estertor que hace que se le escape saliva por la comisura de los labios,  parece sufrir una imposible mezcla de agonía y deleite  infinitos...


 En ese momento cuando parece que Natalia se está ahogando, noto que se produce en ella una  explosión que bien conozco, algo revienta en ella, y me doy cuenta de que a la adolescente ya la enloquecen unas tremendas sensaciones de placer bestial, actúa de pronto como una perra, pega su boca a la mía besándome con  fuerza al tiempo que clava sus uñas en mi espalda y mi culo apretándolo contra ella, salta, muerde, gime, llora, ríe,  y grita, grita de placer jadeando de forma agónica y musitando gemidos y sonidos sin un significado concreto fuera de mostrar ella ha descendido también ya a todos los infiernos y ascendido a todos los cielos con mi cuerpo dentro del suyo… Ya es mi muñeca más preciada, mi nuevo diamante…


 Mientras la adolescente sigue musitando nuevos gemidos y ronroneos, jadeando y resoplando como una de mis putas habituales, cosa que me complace y enorgullece,  yo empiezo a dejar de moverme y me dejo caer encima de la muchacha, quedando poco a poco en reposo sobre su cuerpo, casi aplastándola. Su cara queda junto a la mía, Natalia está agotada, sin respiración, reventada, llena de sudor, mezclado el suyo y el mío, se desvanece, rota, ahogada, enloquecida, mirándome con sus ojos llenos de lágrimas…

 Después de un rato de reposar encima del suave y cálido colchón que es ella, me incorporo poco a poco. Mi pene se desinfla lentamente. abandona el interior del vientre de Natalia mientras separo poco a poco mi cuerpo del suyo y al final me quedo acostado a su lado.


 Veo que la adolescente, ya mi amante por completo, va  recuperando el aliento, pero se queja de que le duele el vientre… Paso mi mano por ella acariciándola, y noto que tiene el sexo y los muslos mojados, por un líquido viscoso y caliente,  obviamente mi semen que se escapa de su vagina. Miro mis dedos y veo mezclado en el blanco de mi esperma el rojo de la sangre de su desfloramiento. Pinto con mis dedos su cara y la mía, sellando con la marca de mi semen y su sangre nuestra secreta unión.

 Una media hora después, me incorporo del lecho, me pongo de pie y orino en el lavabo que hay en el cuarto de baño al lado de la habitación. Me dejo caer aún sin recuperar la respiración del todo en el butacón que hay junto a la cama,  gozando del espectáculo de mi joven amiguita desnuda y ya desflorada. Natalia no duerme, se ha girado hacia mí y me mira con los ojos muy abiertos.  Le hago un gesto obsceno señalándome el pene, en su mirada fija veo que se da cuenta de que mi miembro, igual que mi cara, la suya,  su sexo, la parte superior interna de sus muslos y la zona central de la sábana, está manchado con un líquido blanquinoso rosado, la mezcla de mi esperma y su sangre…

Natalia y yo nos abrazamos y mos besamos, juntos, de pie... Y ella vuelve a la cama...


 Natalia se hace a un lado y arregla la cubierta de la cama y las sábanas, ahora arrugadas. Me mira y yo entiendo su invitación de ir a yacer con ella. Me pongo en pie, me acerco, me acuesto a su lado, la beso con gran pasión y me satisface notar que me corresponde y es ella la que ahora busca mi lengua con la suya.  Nos abrazamos, con los cuerpos enganchados, y yo noto que mi pene vuelve de nuevo a inflarse y prepararse para penetrar a mi amante adolescente. Apago la luz y, cuando por la ventana entra el resplandor del relámpago de una tormenta ya muy cercana, introduzco de nuevo mi miembro en el sexo de  Natalia…


Agosto 2014


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domingo, 11 de mayo de 2014

FUI DESVIRGADA EN LA ORGÍA DEL YATE DE ABDUL




FUI DESVIRGADA Y FOLLADA EN LA  ORGÍA DEL YATE DE ABDUL: APRENDIENDO A SER ESCORT* DE LUJO

*Escort de lujo: mujer joven, bella y discreta de amplia disponibilidad acompañante por horas, por días  o un tiempo a concretar, de personas, generalmente señores -pero también señoras- de muy alta capacidad económica



Introducción

La salida del puerto

El minibus de lujo de la organización del evento entró en el recinto del puerto deportivo de la ciudad. Recorrió lentamente el recinto y finalmente se detuvo delante de un enorme yate, propiedad del presidente de la corporación que patrocinaba el importante evento de negocios. 



Del vehículo descendieron varias muchachas de singular juventud y atractivo, y un grupo de hombres, algunos de ellos de color negro, procedentes todos de la corta sesión de mañana del sábado del evento, que no se reanudaría hasta el lunes siguiente para descanso de todos los participantes en él. El grupo, formado por algunos de los congresistas más cercanos, socios o amigos del presidente de la corporación organizadora, iban a disfrutar de un fin de semana muy placentero que les habían preparado, un pequeño crucero por el litoral de la región en compañía de algunas de las señoritas más bellas de la agencia que facilitaba las asistentes y escorts del evento para los participantes VIP. 

El grupo de muchachas y hombres caminó unos metros, siendo recibidos al pie del yate por Abdullah Ali, un importante financiero árabe propietario del mismo. Besó en las mejillas a las muchachas, en especial a una muy joven que le había sido asignada los días anteriores como asistenta personal por la agencia de escorts a petición de él mismo, y todo el grupo ascendió por las escalerillas de babor subiendo a bordo de la embarcación.


El árabe fue muy amable dando a todos la bienvenida a bordo, mientras él desde el primer momento tomaba de la cintura la muchacha que había elegido y los demás iban flirteando formando unas parejas iniciales, de hecho había  un número parejo de chicas y hombres, Abdullah siempre e un buen anfitrión con sus invitados.

Después se dirigió al puente, aunque llevaba a bordo un experto capitán de barco y varios oficiales muy competentes, presumía de dirigir siempre las maniobras de su buque, y causaba muy buena impresión verle capitanear las maniobras de desatraque y salida del puerto.

Las muchachas y los invitados estaban sentados en cubierta, hablando y tomando unas bebidas y unos sándwich que los camareros de a bordo les estaban sirviendo. Era muy emocionante para la mayoría de ellas era su primer trabajo o uno de los primeros y también la primera vez que subían a un yate acompañando a los participantes más importantes del evento. 



Por fin, el yate pasó los límites de la bocana del puerto y se dirigió hacia la costa sur de la ciudad. El día era espléndido, hacía calor y el mar estaba completamente en calma, sin el más mínimo oleaje…





El fin de semana en el yate

La orgía


Abdul no dejaba de mirarme… Sus ojos me seguían por todos los rincones del espectacular yate que tiene atracado en el puerto deportivo de la ciudad y en el que hemos salido con otras compañeras mías e invitados de Abdul a hacer un pequeño crucero de fin de semana por el litoral de la ciudad y playas cercanas. En realidad se llama Abdullah Ali, pero Janine, la coordinadora de nuestro grupo de la empresa de asistentas, dice que  le gusta que le llamen solo  Abdul. Es un hombre de  mediana edad, con aspecto duro, pero muy amable y atento con las chicas que colaboramos en la organización del evento que ha organizado la corporación internacional que preside.  Yo no me cohibía cuando Abdul me observaba fijamente, yo le miraba también a él  con expresión afable, servicial y tímida, y le sonreía, como Janine nos ha explicado que hemos de comportarnos con  todos los clientes de nuestra agencia. Nos dice que siempre hemos de ser muy amables con las personas a las que asistimos y ayudamos en las reuniones y congresos. Por cierto, no os he dicho todavía que me llamo Elisenda, aunque todo el mundo me conoce por Eli.  Esta es mi primera salida como asistenta de una persona VIP de un evento  y si lo hago bien y me hacen una buena valoración ya trabajaré de continuo en la empresa.

Abdullah Ali se acercó con una sonrisa extraña, me tomó del brazo y me dijo que le gustaría que estuviese todo el tiempo con él, que ya había hablado con nuestra coordinadora, Janine, y estaba de acuerdo. Me quedé mirándole yo también, me di cuenta de que no había disimulado ni un minuto, y no soy tonta, era evidente que se había decidido a intentar seducirme y Janine le había complacido asignándome como escort suya. Yo no lo dudé mucho tampoco, es el trabajo que he elegido libremente y mejor para mí si quedo bien con los clientes y ellos se lo dicen a mis coordinadoras. Le sonreí en señal de aceptación, seguro que si Abdul quedaba complacido de mi trabajo me harían contrato fijo en la agencia con un buen sueldo.

Primero me llevó a la piscina del yate. Nos bañamos, el agua estaba tibia, y Abdul no dejaba de mirarme, especialmente mis muslos y mis pechos. Yo llevaba un bikini diminuto, prácticamente una cintita arriba y un tanga pequeñito abajo. Y yo también le miraba a él, llevaba llevaba un bañador clásico hasta la rodilla de color gris que le quedaba algo estrecho y le marcaba claramente el bulto de sus testículos y el pene.

Abdullah Ali me miró sonriendo, me dijo que le iría bien un masaje estimulante, le ayudé a  estirarse con cuidado en la toalla de un sillón y se giró boca abajo. Tomé una crema tonificante y se la fui extendiendo por el cuerpo, poco a poco, lentamente, al tiempo que le daba el masaje acariciando su piel y apretando suavemente su carne con mis dedos. El cuello, la nuca, los hombros, la espalda siguiendo la columna vertebral, las nalgas –le bajé el bañador y se lo volví a subir- los muslos, las piernas, los pies… Después le ayudé a girarse, a ponerse boca arriba, y fui repitiendo el itinerario… Pero… Cuando le acaricié la cara tomó mis dedos y me los mordió con gran suavidad, me hizo apretarle los lóbulos de las orejas, los pezones… Era evidente que su pene estaba en estado de excitación, y no me atreví a pasar del ombligo al pubis, bajé directamente a darle masaje en la cara interior de los muslos momento en el que Abdul gimió de placer y excitación…

Me di cuenta de que aquello se me había escapado muy rápidamente de control, que el hombre me miraba con un brillo turbio en los ojos mientras le acariciaba los brazos, la cintura…  Tenía a Abdullah Ali  muy cerca de mí. Cuanto más le miraba, más excitante me parecía su actitud conmigo en aquel momento. Él llevaba un fino collar con una pequeña piedra verde en el cuello, ojos oscuros incisivos e irónicos, con un reflejo nada disimulado de sensualidad, labios gruesos y resueltos en un gesto siempre burlón e irónico que presagiaban claramente sus intenciones conmigo.

En el brazo derecho, entre el codo y el hombro, un inesperado tatuaje con una flor y un ojo, detalle  chocante  que le da un carácter misterioso e inquietante. Alejé enseguida de mi mente un pensamiento brutal  muy excitante que me vino de súbito, obviamente me imaginé a Abdullah Ali y yo, los dos desnudos en una cama, con él encima de mí follándome, pero me di cuenta de que no debía pensar hacer eso ni en sueños, somos asistentes, no putas, nos ha advertido seriamente –aunque es verdad que con una chispa irónica en sus ojos-  Janine de que muchos de los clientes querrán acostarse con nosotras, pero que eso es cuestión nuestra, que estamos en una empresa muy seria que no tiene nada que ver con esos temas, que quedan, si se presentan, a nuestra decisión personal sin implicar a la agencia… Y me sonreí a mi misma…  Desperté de la ensoñación y justo en aquel momento noté la mano del hombre en mi espalda soltándome el sujetador y retirándolo poco a poco. Contuve la respiración, me quedé paralizada, era la primera vez que me pasaba aquello en mi aún cortísima experiencia de pocos días como asistente de clientes de alto standing, y la parte superior de mi bikini quedó en el suelo.


 Los ojos de Abdullah Ali se clavaron en mis tetas, que ahora   podía mirar a gusto. Él estaba sentado, junto a mí, contemplándome con un aspecto ávido y turbio… Creo que incluso se le escapaba la lujuria de sus deseos como un rayo por sus ojos. Me sorprendí a mi misma quedándome muy quieta, a la expectativa. Pasó su mano por mis cabellos, que llevo ligados con una cinta en una pequeña cola, lo que me da aún más aspecto de adolescente, todos los hombres y los chicos me dicen que soy muy guapa… Abdul me acarició la cara. Noté que yo empezaba a respirar más rápidamente, y me quemaba la cara, seguro que había enrojecido al sentir sus dedos pasearse por mi piel…

Recuerdo cada cosa que hice… Nunca se me olvidará… Me dejé llevar por mis impulsos, o, como diría mi madre, por mi instinto femenino y mi perversa y caliente osadía latente de adolescente, agarré una mano de Abdul y la llevé a una de mis tetas, invitándole a jugar con ella. Después de apretar mis pezones, Abdul adelantó su cara hacia mí, y me besó en los labios. Yo estaba bastante decidida y segura, no me iba a acobardar con mi primer cliente importante, pero él sorprendentemente temblaba de emoción o excitación, no sé, creo que influía mucho que dicen que yo parezco muy jovencita aunque evidentemente no lo soy tanto, tengo la edad de poder trabajar. Me dio la impresión  que Abdul ahora no sabía que hacer conmigo… Ni hasta donde llegar…Él estaba parado, dudaba… Me divirtió darme cuenta de que parecía que no estaba acostumbrado a jugar con nenas de mi edad y aspecto, supuse que era un cliente de putas de lujo y, claro, yo no lo soy para nada, ya he dicho que todavía parezco una colegiala. Sus dudas aumentaron mis atrevidas ganas de provocarle. Le sonreí, me giré hacia él incorporándome un poco y bebí casi de un trago una copa que me dio con un cóctel muy bueno y fresco que nos habían servido en la mesita que teníamos al lado del sillón, aunque de fondo tenía un cierto gusto amargo que me sorprendió.  Debía ser bastante fuerte, porque enseguida noté como una fuerte subida de calor en todo el  cuerpo, y me entraron unas incontenibles ganas de reír y de  jugar con el hombre y acariciar su piel.

Ya no hacían falta las palabras, nos sobraba con los ojos… Me sujetó por la cintura y me besó de nuevo, su aliento sabía a tabaco fino mezclado con hierbas, acababa de encender un cigarrillo que dejó encendido en un cenicero. Me arrastró suavemente hacia él. Agarró su bañador y se lo fue bajando poquito a poquito… Su  vientre  quedó al aire…  Y su pene, largo y ancho… Sus testículos y su pubis… Apartó su bañador con los pies descalzos y quedó ya completamente desnudo a mi lado mientras se  comía mi cuerpo con sus ojos… Se oían voces, risas, grititos histéricos, pero en aquel lugar estábamos solos, mis compañeras y los demás invitados se estaban divirtiendo, estaba claro, pero no se acercaban al lugar en el que veían que el amo del yate se disponía a follar conmigo.

Y todo empezó… Su pene estaba ahora enorme, duro, rígido, con toda la punta fuera de la piel que lo cubre… Me pareció como una banana tropical madura, algo más corta y estrecha. Y detrás sus testículos,  bien marcados y evidentes, envueltos en una selva de pelos ensortijados… Me volvió a besar suavemente en los labios, sin dejar de acariciarme la cara y el pelo  y me colocó con una delicadeza extraña en un hombre  como él encima de su cuerpo mirándome con una sonrisa anhelante…  Me di cuenta de que olía muy bien, a una colonia embriagante que me mareaba de excitación. Abdul había comprendido que yo estaba dispuesta, sabía ya  perfectamente lo que iba a hacer conmigo, aunque al principio se había quedado algo parado  e indeciso al no saber bien cómo reaccionaria yo… Pero creo que se dio cuenta de que después de beber el delicioso cóctel que me había dado yo también ardía en deseos de jugar con él… Sus labios rozaron de nuevo los míos. Cerré los ojos y sentí que las manos del hombre empezaban a bajarme la braguita del bikini… Y le ayudé a hacerlo… Quedé yo también desnuda del todo…

Llevó su mano a mi vientre, me acarició todo el sexo, sentí como apretaba con los dedos para recorrer toda la entrada de mi vagina… Me tomó la mano y la llevó a tocar su pene… Estaba duro como las rocas del acantilado de la cercana costa… El sol nos daba directamente en el cuerpo. Era todo como algo irreal o contradictorio, Abdul me iba a follar en la  cubierta de su yate y yo sólo pensaba en reír y jugar con él… Tomó un pote con una crema transparente, una especie de aceite lubricante que olía muy bien, y empezó a acariciarme embadurnando todo mi cuerpo con aquella substancia oleosa desde la frente hasta los dedos de los pies, especialmente en el pubis y la entrada de mi sexo.  Abdul me apretó contra él dándome un beso ahora ya muy fuerte, al que yo correspondí encantada, dejando que introdujese su lengua en mi boca. Y me agarró una teta, apoderándose de mi rosado pezón, pellizcándolo, besándolo, y, por primera vez, hasta mordiéndolo… Abdul iba ya muy deprisa… Me aplastó contra su cuerpo… Noté el contacto de su pene en la piel de mi vientre… Creo que empecé a temblar, el árabe ya me iba a desvirgar, no os lo había dicho pero seguro que ya os lo habíais imaginado, todavía era virgen, y me excitaba mucho tener a Abdullah Ali a punto de penetrarme y follarme… Sus caricias fueron descendiendo por mi vientre hasta pasar de nuevo por el sexo y acariciarme los muslos, por fuera y, oh, qué bueno, por la parte interior, hasta volver al sexo y meter  lentamente uno de sus dedos dentro de mi vientre jugando con mi clítoris…

Abdul sabe cómo poner a mil a una chica, era todo como una maravilla de  película porno de esas que a veces había visto en casa de mis amigas…  Bueno, mejor para mí, claro, disfruté mucho y siempre recordaré aquellos minutos de mi vida … Me fue abriendo poco a poco las piernas, me lamió el sexo y con la lengua empezó a acariciarme el clítoris al tiempo que mojaba con su saliva  mi vagina, ya previamente llena de aquel aceite que había utilizado antes en todo mi cuerpo… 


Oh, cuando lo hizo, sentí algo sin comparación, creí que me desmayaba de placer y excitación, que bueno era lo que Abdullah Ali me hacía… Y rápidamente me colocó por completo encima de su cuerpo, dejándome caer sobre él, sentí su  pecho, su vientre debajo de mis muslos, apretándome contra su sexo…

Bajó una de sus manos hasta encontrar el pene refregándose en mi vientre, y lo llevó hasta la entrada de mi vagina, haciéndolo entrar poquito a poquito… Ufffff, qué impresionante fue sentir aquel trozo de carne dura empezando a entrar en  mi vientre…  Me di cuenta de que ahora era bastante más largo y ancho de lo que me había imaginado. Noté una especie de cosquillas, me entraron más ganas de reír, mi piel ardía…

Abdul, por fin, apretó violentamente mi cuerpo encima del suyo, aplastó mi culo contra su vientre, sentí que el pene del hombre se introducía profundamente en mi vagina y noté una especie de gran pinchazo  en el momento en que me desvirgó, aunque tampoco fue nada exagerado, pensaba que me dolería más… 



Abdul ya estaba completamente dentro de mí y empezó a sacar y  volver a introducir su verga en mi vientre, primero lentamente, mientras yo gemía de dolor y placer al adaptarse mi vagina al tamaño de su miembro, hasta que después el movimiento ya lo hacía muy  rápido y con naturalidad, mientras me besaba en la boca, me mordía el cuello, me chupaba las tetas, y yo ahora gritaba de  placer mientras apretaba mi espalda y mi culo contra él… Me daba cuenta instintivamente de que no era un sueño, me estaba follando por primera vez un hombre, Abdullah Ali, no era una imaginación, era bien real…



El placer me iba aumentando a cada movimiento de su  pene, mi cuerpo ardía, cuanto más rápidamente me follaba Abdul más placer sentía yo… Y ya había perdido por completo cualquier miedo o complejo  por lo que estaba haciendo si es que alguna vez lo había tenido, que creo que no. Era maravilloso, fantástico, tener su pene dentro de mi, sentía en realidad por primera vez.  especialmente desde que  tomé el trago que él me dio,  la sensación de que follar era como volar por mil paisajes diferentes, mi cuerpo y el suyo cada vez estaban más calientes, aquel meter y sacar rápido su verga de mi cuerpo que hacía Abdullah Ali me volviese loca por completo, yo gemía, gritaba, me estremecía, saltaba, era una especie de deporte extenuante, yo estaba sintiendo unas sensaciones tremendas de excitación y placer, era evidente que Abdul se había pasado la vida follando muchachas y sabía muy bien lo que estaba haciendo conmigo para que me lo pasase bien. … Ahora ya imaginaba  lo que sentía mi mamá, porque cuando era pequeña oía desde mi habitación alguna noche de verano sus gritos y gemidos cuando, después de divorciarse de papá porque él se tiraba a una chica que trabajaba en su comercio,  ella estaba con en la cama con Mr. Robert, su jefe. Una vez incluso entreabrí la puerta de la habitación de mamá y la espié mientras Mr. Robert se la follaba.

De pronto, Abdul se paró, se puso rígido, y volvió a empezar con jadeos y gritos mucho más rápidos y fuertes que antes, de hecho, movía y sacudía todo mi cuerpo cada vez que sacaba y metía el pene… Abdullah Ali ahora aullaba, gemía, se quedaba sin respiración mientras inundaba mi vientre con su semen… Me seguía besando ahora con una violencia rabiosa aplastándome contra su pecho y su vientre... Sudaba mucho, yo también… Y  sentí de golpe un placer rabioso, me estremecí y gemí, hasta grité … Qué salvajes delicias me invadieron…  Que fatiga más mortal…



El sol nos continuaba bañando directamente mientras el hombre enloquecía follándome eyaculando todo su esperma dentro de mi vientre. Abdul no sacó su pene de mi cuerpo hasta que no dejó ir hasta la última gota de semen, apurando lo que él llamó un puto final feliz… Se quedó tal como estaba, gimiendo satisfecho y recuperando poco a poco el ritmo normal de su respiración… Me quedé quieta, empapada de sudor… Me pasé la mano por el pubis apretándolo, y noté que el semen del hombre salía de mi vientre y me mojaba la mano y el inicio de los muslos mezclando su color blanquinoso con el rojo de gotas de sangre de mi desfloración… Los dos nos fuimos recuperando poco a poco y Abdullah Ali me agarró de la mano y empezó de nuevo a apretarme los pechos como si fuesen pelotitas de goma…


Abdul me observaba sonriendo de forma burlona y aspecto muy cansado, pero satisfecho y complacido… Parecía un fauno de los cuentos antiguos, allí, desnudo, con las manos cruzadas detrás de la cabeza, y el  pene que había estado dentro de mi vientre reposando fláccido sobre sus testículos y sus muslos… Me miró  irónicamente haciendo unos gestos obscenos con los dedos mientras yo hablaba por teléfono con Janine que quería saber cómo estaba funcionando mi primer trabajo y yo le explicaba que muy bien, que atendiendo a Abdul en su yate. Creo que Janine entendió, porque no hizo más preguntas y cortó la comunicación, pidiéndome que saludase a Abdul de su parte. Le saqué la lengua al hombre también en tono de burla y él se señaló el pene indicando dónde quería que pusiese mi lengua allí… Le musité la palabra “pig!” en inglés y él volvió a sonreír diciéndome que sí con la cabeza. Abdul no dejaba de mirarme y me dijo que estaba deliciosa así, desnuda, sudorosa, despeinada y acabada de desvirgar y follar con su semen bajándome por los muslos.  



Me senté encima de él, agarré su pene, y al sentirlo duro de nuevo, me agaché, y, tal como él había insinuado, me pasé un rato lamiéndolo y chupándolo como si fuese un helado de vainilla y chocolate, mis preferidos,  mientras él gemía ronroneando como un gato en celo. Después, encima de él, como antes, yo misma le ayudé a introducirlo otra vez todo dentro de mí… Y empezamos de nuevo… 


El ritmo fue primero lento para disfrutarlo más, pero fue aumentando a medida que mi excitación y la de él era superior… Y más, y más, y más… Hasta que vi que Abdullah Ali empezó fuera de sí a dar alaridos, y yo saltaba encima de él apretando mi vientre contra el suyo de forma que su pene entraba hasta el fondo de mi vagina, notando enseguida de nuevo la sensación de la presencia del líquido caliente, el semen de Abdul,  escapándose de mi vientre… Por lo visto, aún le quedaba… Y nos fuimos calmando lentamente, me aparté y me quedé  otra vez a su lado, jadeando e intentando recuperar el aliento y la respiración, igual que él…


Poco después, Abdul se puso de pie, nos besamos y nos abrazamos, vi que la butaca estaba manchada y húmeda de la crema con la que él me había untado antes de follarme mezclada con sudor, semen y algunas gotas de sangre de mi himen roto. Vi entonces que mis compañeras estaban repartidas por las cubierta, con los otros invitados –entre ellos unos hombres negros impresionantes-, follándoselas de todas las maneras posibles. Vi que dos de los servidores del yate estaban grabándolo todo, por lo que imaginé que ellos o unas cámaras nada disimuladas que estaban repartidas por todo el yate también habrían filmado como Abdul me desvirgaba, aunque yo no me había dado cuenta.


Abdullah Ali me sonrió, me agarró de la mano y, desnudos los dos, me llevó hasta el baño de su camarote de armador del yate No nos hacían falta las palabras, abrió el agua caliente y estuve un largo rato dejando correr el agua tibia por mi cuerpo mientras él me enjabonaba y me acariciaba… Luego, Abdul me secó con una toalla, volvió a abrazarme y besarme hasta que de nuevo su pene se puso bravo pidiendo guerra, por lo que me arrastró ansioso hasta la cama, se acostó, me echó rápidamente otra vez encima de él y me volvió a follar, esta vez mucho más lentamente hasta llegar al final, hasta que él volvió a eyacular, ahora apenas unas gotas, exasperado y enloquecido con la mirada extraviada en el infinito hasta el punto que temí le diese algo, no sé, un ictus o un infarto… Pero no, poco a poco se fue recuperando, Abdul es aún un hombre relativamente  joven…

Y los dos nos  abrazamos, rendidos y agotados, pero yo perturbada y excitada por la inesperada loca mañana que acabábamos de compartir, él satisfecho y complacido, yo un poco angustiada por lo que acababa de hacer y vivir, me había desvirgado un cliente VIP en su yate, pero al mismo tiempo desconcertada y contenta por lo bien que me sentía y el placer que había disfrutado, sin arrepentirme lo más mínimo de lo que acababa de hacer por primera vez, follar con un hombre, aquel señor  árabe… Al mediodía,  deseando ya sólo agarrar fuerzas y recuperarme de mi aspecto agotado y extenuado, me bañé en la piscina y nos pusimos de nuevo a tomar el sol y descansar, pero, de pronto, se me aproximó desnudo uno de los amigos de Abdul, uno de aquellos negros impresionantes, un hombre muy fuerte, con un pene  enorme que me hizo daño al agarrarme e introducírmelo todo por sorpresa, y me folló hasta que quedó completamente agotado mientras


Abdul parecía muy divertido, porque sonreía mientras grababa con su tableta todo lo que el negro, y después otros dos invitados, hacían conmigo. Abdul me iba dando unas copitas de otra bebida deliciosa, que debía ser bastante fuerte porque me quedarme dormida en medio de la inesperada orgía, me desperté cuando ya era de noche, estaba acostada en un camarote del yate con dos hombres, uno de los negros y un anciano inglés, desnudos abrazados a mi cuerpo. Me noté llena de semen y sudor por todo el cuerpo, el negro roncaba, pero el anciano inglés, al ver que había despertado, se deslizó encima de mi y me penetró con un pene sorprendente fuerte y grande para su edad…  Y todo continuó durante el día siguiente, me follaron todos los invitados,  igual que hacían con mis compañeras…


En la semana que aún estuvo en nuestra ciudad, prácticamente me acosté todos los días con Abdul y sus amigos en su yate. Un día me dijo con una risa perversa en la cama mientras me penetraba, que las nenas guapas como yo lo mejor que podemos hacer es abrir bien los muslos, que así contribuimos a la alegría de los clientes de nuestra agencia, por lo menos a la suya. El día que marchó, me dijo que yo tenía que ir a su país a estar una temporada con él y sus amigos y añadió sonriendo que me haría una de las reinas de su harén…



Epílogo

Camino de Oriente

Parece que finalmente mi amante árabe habló con Janine, porque esta lo hizo con mi madre sobre un trabajo de la agencia en el extranjero, y mami me ha autorizado a ir al país de Abdul para atender a los invitados de un importante evento que allí se va a celebrar.  Y aquí estoy, con Janine en el aeropuerto y tres compañeras más, a punto de subir a un avión que nos va a llevar al país de Abdul… Janine me acaba de decir que Abdul nos ha reservado pasajes en la clase más lujosa y selecta del avión, y, cuando lleguemos nos vendrá a buscar un vehículo de su servicio para llevarnos al yate que ahora está ya esperándonos en un puerto privado de su país…  Y  ahora nos dirigimos hacia la puerta de embarque, han llamado a los pasajeros de nuestro avión… Me excita pensar que en pocas horas estaré de nuevo desnuda en el yate con el pene de mi amante o uno de sus amigos dentro de mi vientre…  





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