miércoles, 18 de febrero de 2015

DON ALFREDO, EL ABUELO DE CHARO, ME DESVIRGÓ


El día en el que don Alfredo, el abuelo de mi amiga  Charo,  me desvirgó


Relato de Teresa


Fue en uno de los primeros días de vacaciones del pasado verano. Bajé del tren a unos treinta kilómetros al norte de la ciudad. Ya le había dicho a mi madre que iba a pasar el día con mi amiga del cole, Charo, a la casa que su abuelo, don Alfredo,  tiene junto a la playa.

Iba a ser un día divertido, íbamos a bañarnos en la playa y en la piscina de la casa, y tal vez don Alfredo nos dejase subir a uno de sus caballos. La primera sorpresa –de las muchas que iba a tener aquel día- fue que esperándome en la estación del ferrocarril no estaba mi amiga, pero sí su abuelo, don Alfredo,  un hombre mayor, de hecho un anciano. Siempre había pensado que el viejo cacique me miraba de una manera que impresionaba. Incluso una vez, hacía una semana, le tuve que decir en su casa que no fuese malo, que no se pasase, porque en un momento en que mi amiga Charo había ido al lavabo, él me agarró por detrás en la cintura y me dio un gran pellizco en el culo, que me hizo gritar mientras él sonreía con fuego en los ojos. Yo me lo tomaba a broma, no me podía enfadar, porque mi mamá trabaja de cajera en un supermercado que es propiedad de don Alfredo, y mi papá conduce una furgoneta de una empresa también de él.

Iba vestido con una camisa blanca abierta, mostrando unos collares de oro, unos viejos tejanos con un cinturón adornado y unas botas de montar. Subió a su coche, un enorme todoterreno que yo ya tenía visto, y me hizo gestos de que me acercase. Arrancó el coche. Me dijo que Charo había tenido que marchar a ver a su tía Francisca, que se había puesto enferma y no vendría hasta la tarde, pero que ya que yo estaba allí, era una lástima perder el día, y ya me acompañaría él hasta que regresase mi amiga. Yo, insegura, le dije que no quería molestarle, que me dejase en la estación del tren para volver a mi casa, y que ya vendría otro día. Don Alfredo me miró y me sonrió de forma extraña. Me dijo que yo no molestaba, que no me preocupase, que sería un día muy divertido. Paramos en una especie de bar-restaurante, donde parecían conocerle muy bien, porque le trataban con mucho respeto. Nos sentamos en una mesa, y al poco rato, teníamos delante un plato de costillas de cordero, otro de jamón serrano, otro de queso y uno de calamares. Y delante nuestro, dos enormes jarras de cerveza. Yo le dije que prefería una naranjada o agua, pero el insistió en que debía de beber ya cosas de mayor, y, yo que nunca bebía nada con alcohol, tuve que beberme aquella jarra de cerveza. No me gusta mucho, pero, bueno, por lo menos estaba fresca.

Poco después, entramos en una especie de camping, en el que había un gran número de caravanas, algunas parecían ocupadas, la mayoría cerradas o abandonadas. El vigilante de la entrada le saludó con mucha educación y casi diría yo que con miedo. Me sorprendió que no hubiésemos ido a su casa, y se lo dije, pero me contestó que allí había hoy una reunión familiar, que me encontraría incómoda entre tanta gente, y que ya iríamos por la tarde cuando recogiésemos a Charo en la estación. En aquel camping, que recuerdo se llama “El Pulpo Llorón”, vi que había una piscina, con una serie de gente bañándose. Familias y parejas. El coche se paró junto a una caravana cerrada que había cerca de la zona de la piscina. Yo me sentía algo rara, como mareada, supongo que eran los efectos de la cerveza que había bebido y a la que no estaba acostumbrada. Don Alfredo me miró de una manera que me inquietó. Sonrió y colocó una mano en mi cabeza. Yo llevaba el pelo recogido en la nuca con una cinta, y él sacó la cintita y dejó libre mis cabellos sobre mis hombros. Sentí sus dedos en mi cara, y me puse algo nerviosa. Salimos del coche. Me agarró de la mano y me llevó hasta la caravana. Yo no sabía que hacer, todo aquello era algo raro, pero yo no quería ser maleducada con el abuelo de Charo. Y había sido siempre un hombre muy atento y educado conmigo, aparte de aquella mirada extraña inquietante que le notaba.

Entramos. Había una cama-litera de matrimonio en uno de los extremos, una especie de cocina en el otro, una nevera, un televisor con un video, un armario y un lavabo con taza de water. Don Alfredo me dijo que íbamos a bañarnos en la piscina, que nos cambiásemos. Yo me sentí parada, nerviosa, sentía una amenaza en desnudarme ahora delante del abuelo de Charo. Él lo notó, y se puso a reír. Se quitó la camisa, las botas y los tejanos, y se quedó sólo con un bañador del tipo slip, de color negro, y los collares en el pecho. Se le veía delgado, se le marcaban los huesos, pero no enfermizo, fibroso y casi atlético, el cuerpo cubierto por un abundante vello, ya blanco por la edad, y un bulto considerable en el bajo vientre. Sentí que mi cara enrojecía al darme cuenta de que el anciano parecía tener un pene y unos testículos muy grandes… Se cruzó de brazos, con cara burlona, esperando que yo me desnudase. Yo no sabía que hacer, estaba mareada, en realidad lo que me habría gustado hacer era acostarme en aquella cama y dormir un rato, o por lo menos cerrar los ojos y estar tranquila, pero hice lo único que me pareció lógico para no parecer una tonta miedosa o maleducada. Me quité la camiseta y me bajé los tejanos, y quedé desnuda, con sólo el mini sujetador y la braguita de mi bikini tapando partes mínimas de mis pechos y mi sexo.

Estábamos al inicio del verano, y yo estaba todavía muy blanca y mis ojos supongo que mostraban mi desconcierto. El me volvió a mirar de arriba abajo y dijo que bueno, que fuésemos a la piscina. Me acerqué a la puerta de la caravana, donde estaba él, en medio, sonriéndome de una manera que ya no me gustaba. Se apartó para que me acercase a la puerta. Fui a abrirla, cuando don Alfredo, a mi lado, de pronto, me agarró por la cintura y la cadera, me giró hacia él, y me apretó contra la puerta. Como yo no esperaba eso, me tomó por sorpresa, y, sin poder  evitarlo, noté su cara en la mía, sus labios apretando los míos –era la primera vez que un hombre me besaba de manera sexual- y su lengua luchando con mis dientes para introducirse en mi boca y unirse a la mía…

Yo grité…Él me tapó la boca, y con un zarpazo de su otra mano, me quitó el sujetador del bikini y me pellizcó el pezón de una teta. Se abalanzó sobre mí y me volvió a apretar contra la puerta, besándome y abrazándome con toda su fuerza. Yo me resistía, y horrorizada me di cuenta de que me estaba bajando la braguita, que acabó cayendo al suelo. Noté una cosa rara en mi vientre, y, dando un grito, me aparté, retrocediendo hacia el único lugar que podía, la cama.

Entonces le vi… Vi el horror, el horror por primera vez…Don Alfredo se había quitado el slip, y estaba completamente desnudo… Un pene enorme, con unos grandes testículos cubiertos de pelo blanco, estaba erecto, apuntando hacia mí… Me quedé paralizada de terror… Quería gritar pero no me salía la voz… Y cada vez estaba más mareada… El anciano se movió de un salto y se lanzó sobre mí. Intenté apartarme, separarme, pero no pude… Don Alfredo era mucho más fuerte de lo que parecía… El anciano agarró mis dos pechos con sus manos y los apretó como si fuesen pelotitas de goma. Y me pellizcó de nuevo con fuerza los pezones, grité de dolor y de sorpresa… Pero los pezoncitos se me pusieron muy duros y aumentaron su tamaño… Me agarró, me apretó contra su cuerpo, me volvió a besar, y, con un movimiento muy violento, me arrojó encima de la cama de la caravana.  Y,  saltando con gran agilidad, se lanzó sobre mí y me cubrió con su cuerpo. Noté todo su cuerpo encima del mío…  El anciano sudaba, jadeaba como un animal, parecía una extraña fiera furiosa, yo me sentía abandonada, débil, sabía lo que él me iba a hacer… No hacía nada por evitarlo… No podía resistirme, moverme…  Una especie de gruesa serpiente serpenteaba por encima de mi vientre... Yo sabía que pronto querría meterse dentro de mi cuerpo…  No sé si lo soñé, pero por un momento me pareció ver que una especie de cámara de televisión que había encima de la nevera se había movido… Y recordé un objeto, como un mando de televisión, que el anciano tenía en la mano antes de soltarlo y abalanzarse sobre mí… El anciano me besaba en la boca, el cuello, me lamía, me chupaba los pezones de los pechos - ¡que sensación más rara sentía yo cuando lo hacía!-, todo aquello me alarmaba porque descubrí que me gustaba mucho, parecía que el anciano sabía lo que tenía que hacer para que yo me lo pasase bien, se le notaba muy seguro, a mi me gustaba y espantaba al mismo tiempo sentir su peso encima de mi, su vientre y su pecho aplastando y oprimiendo los míos…

Noté que sudaba, que yo también me movía aunque su cuerpo pesaba bastante encima del mío…Y sentí, de golpe, que algo se metía en mi sexo, algo se metía en  mi vientre…. Algo empezaba a entrar en mi cuerpo…  

Sí, había empezado a meterme el pene…  Noté, asustada, horrorizada, que se abría paso, que estaba entrando en mi sexo, que era algo grande y muy caliente y duro que se estaba introduciendo en mi cuerpo, cada vez más, estaba impresionada, paralizada, si,  el viejo me estaba metiendo su pene, me estaba violando, aquella cosa penetraba, me abría, apretaba… Me quedé paralizada, sin respirar, abrí los ojos, a punto de gritar, noté que me llegaba el pánico, el miedo, que debía de huir, pero no podía moverme, estaba quieta, le dejaba hacer, no sé qué me pasaba, estaba como inmovilizada… Y, de pronto un dolor repentino, como un  pinchazo, un corte en mi vientre, como si una navaja me hubiera cortado algo, como si un cuchillo se hubiese clavado dentro de mí.  

Dejé ir un grito que se transformó en un gemido prolongado, mi cuerpo se estremeció, tiré la cabeza hacia atrás, apreté mis labios, volví a quejarme y gemir, noté como la polla del viejo seguía metiéndose en mi vientre hasta lo más hondo de mi sexo, y me hacía más daño,  di más  gritos que el anciano silenció tapándome la boca con una mano mientras con la otra agarraba mi culo y lo apretaba contra su sexo, como ayudándose el mismo a meter su miembro hasta lo más profundo de mi vientre, y yo sentía más dolor y desgarro…

 Sí, era seguro, no había ninguna duda, don Alfredo acababa de meter toda su verga, toda aquel enorme pene, dentro de mi, me lo había clavado hasta lo más hondo, me había roto aquello que se rompe la primera vez que lo haces, el himen… Ahora el viejo cacique se aprovechó a fondo, naturalmente, del momento en que me acababa de desvirgar, me besó en la boca, buscó mi lengua hasta morderla, me lamió la cara, me mordió el cuello, me chupó los pechos, me hizo todo aquello que le proporcionaba placer, y empezó a moverse arriba y abajo, y yo notaba que su polla, entraba y casi salía de mi sexo, entraba y salía, entraba y salía, penetraba más profundamente y casi volvía a salir…

Y aunque todavía notaba dolor cuando volvía a meterla hasta el fondo, me di cuenta de algo espantoso: a mi me gustaba sentir su pene dentro de mi vagina, era como un deleite muy agradable notar el pene del viejo moverse adelante y atrás dentro de mi vientre, especialmente cuando parecía llegar al fondo, el dolor se mezclaba con algo muy agradable que me dejaba sin respiración, yo notaba todo el peso de su cuerpo encima del mío, moviéndose arriba y abajo, moviéndome a mi al moverse él, se aplastaba contra mi, se movía, me continuaba besando, mordiendo, me gustaba… Me apretó el brazo y me soltó. De pronto, sin darme cuenta, como en un sueño, me encontré pasando una mano por su espalda y apretando el culo del viejo contra mi vientre con la otra, al tiempo que lo besaba y seguía como gimiendo o jadeando.  La verdad era que aquello lucía muy bueno, y que nunca me había sentido tan excitada como sintiendo el pene del anciano moverse dentro de mi cuerpo… Me abracé  a don Alfredo, que continuaba moviendo su verga dentro de mi vientre cada vez más salvajemente, respiraba como si le faltase aire, le besé, le mordí el cuello, apreté su culo contra mi vientre, casi hasta hacerme más daño cuando me la metía hasta lo más profundo, me moví arriba y abajo, arriba y abajo, adelante y atrás, adelante y atrás, acompasando mis movimientos a los suyos.  Era inesperado, sí, sorprendentemente aquello me gustaba, su pene no dejaba de moverse dentro de mi, frotándose contra las paredes de la vagina, entrando y saliendo, entrando y saliendo, don Alfredo jadeaba, me miraba, cerraba los ojos, me bañaba con su sudor, yo también sudaba, me gustaba mucho, no puedo explicar bien con palabras lo que sentía…

Inesperadamente, de golpe, como un relámpago, el viejo que me había desvirgado y me estaba follando dejó ir un gemido más alto, casi como una queja desesperada, como si algo explotase dentro de él…  Se quedó quieto un momento, su cuerpo se puso como rígido, como duro, y luego empezó a moverse encima de mi frenéticamente, muy acelerado, a mi me gustaba mucho, parecía que él ya no podía respirar, su polla entraba y salía de mi sexo a gran velocidad, él me movía, me sacudía y me aplastaba como si veinte caballos estuviesen galopando furiosos encima de mi, pero a mi cada vez me sorprendía que me gustaba más, a pesar del dolor… Me maltrataba pero era excitante, y el anciano empezó a gemir más alto, casi a gritar, como si se ahogase, y yo noté entonces, sorprendida, que cada vez que ahora él pegaba el salto hacia adelante, clavándome el pene hasta lo más hondo, un líquido me entraba a borbotones, como si brotase de una  fuente que estaba inundando el interior de mi vientre… Me di cuenta de que don Alfredo estaba eyaculando su semen dentro de mi, que había llegado a explotar en un gran orgasmo, y entonces yo, oh,  no puedo ni explicarlo, no puedo expresar con palabras lo que sentí, clavé mis uñas en el cuerpo del anciano y también reventé, gemí, me quejé, me puse a jadear, me moví tan rápidamente como él, le besé, le mordí…  Era como si mil caballos explotasen ahora dentro de mi, no podía respirar, y aquello seguía, seguía, que ahora era yo quien movía al anciano al moverme yo,… Hasta que me di cuenta de que estaba empezando a quedarme quieta, en reposo, poco a poco, que casi yo ya no me movía, que don Alfredo ya estaba inmóvil encima de mi, aplastando mi cuerpo con el peso del suyo, que a los dos nos costaba respirar, que estábamos bañados en sudor… Yo le estaba acariciando la cabeza, me notaba mojada por dentro, un líquido caliente se movía en mi cuerpo, y se escapaba de mi vientre, él estaba como dormido, como muerto, encima de mí, pero no me molestaba,  me gustaba sentir el peso de su cuerpo encima del mío…

Todo fue quedando en silencio, ya no se oían ruidos, sólo nuestra respiración aún jadeante, poco después mi perverso y anciano violador estaba como medio dormido… Pasó un tiempo, tal vez un cuarto de hora,  y lo aparté un poco, hice que se pusiese de lado para poder respirar mejor, su peso me aplastaba, sentí como su pene salía de mi sexo al moverse de encima de mí…  Se quedó pegado a mi, puso su mano en mi sexo y se dedicó a chuparme el pecho que le quedaba más cerca de la boca, después el otro, yo me atreví -¿por qué no? a- a coger su pene con la mano, a palpar sus testículos… A él pareció gustarle porque dejó ir una especie de ronroneo, pero cuando me fui a dar cuenta se había quedado quieto, giré mi cara para buscar la suya y vi que se había acabado de dormir totalmente, su aliento daba en mi cuello, el calor de su cuerpo cubría de lado el mío, llevé su mano a mi sexo y la dejé allí, me toqué, me toqué allí y en los pechos… Todo parecía irreal… Si no fuese porque de verdad estaba allí, en la aquella cama, con el anciano follador desnudo durmiendo a mi lado, y con una especie de dolor o escozor en mi sexo, todo hubiese sido como una fantasía, como un sueño… Pero todo era real, bien real. Todo había ocurrido de verdad… Yo estaba desnuda, con el abuelo de Charo  que me acababa de desvirgar abrazado a mi cuerpo…  Estaba mareada, dolorida, pero al mismo tiempo… Era terrible, notaba que lo que me acababa de pasar me había acabado gustando, que volvía a atreverme a colocar mi mano en el pene del viejo… Me di cuenta de que encima de la nevera aquella cámara de video continuaba enfocando la cama en la que estábamos don Alfredo y yo… Tal vez el hombre había grabado todo lo que había hecho conmigo…

Y me dormí… No recuerdo nada más, sólo que el anciano me despertó y me dijo que ya era muy tarde…  Habían pasado dos horas… Yo había dormido dos horas. El anciano estaba vestido y me miraba burlón… Me dijo que me duchase en las instalaciones del camping y me vistiese, que Charo ya volvía de y teníamos que ir a la estación del ferrocarril a recogerla… Añadió que me esperaba en el bar y salió de la caravana… Me miré al espejo… 
Yo intuía que aquello  había sido sólo la primera vez, que habría muchas más en las que el abuelo de Charo penetraría en mi cuerpo… Y esa intuición se ha cumplido  plenamente: una o dos veces cada mes nos encontramos don Alfredo y yo en un pequeño apartamento que tiene en un edificio del barrio antiguo de la playa de la ciudad.

Me sorprende que mantenga intactas sus energías y ganas de divertirse conmigo en la cama. Y siempre consigue hacerme disfrutar también a mí… 

Teresa


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TERESA Y DON ALFREDO














































jueves, 8 de enero de 2015

SOL NACIENTE: DESVIRGADA Y FOLLADA POR SUS JEFES JAPONESES

SOL NACIENTE

DESVIRGADA Y FOLLADA POR SUS JEFES JAPONESES


FOTONOVELA

日本のボスはティーンエイジャーヴィッキー性交

Crónica de la tarde del 29 de diciembre de 2014 de Tess, joven auxiliar interina en la secretaría de la direccion de una multinacional japonesa en Europa, que en la fiesta de Año Nuevo de la empresa sube a una suite del hotel con el director Yokomoto, Carmen, su secretaria y amante, y con el subdirector Tenko, su jefe directo, un joven ejecutivo sobrino del director. 



Personajes y situaciones:

Yokomoto

Director General en Europa de una importante empresa multinacional japonesa. 55 años. Doctor Ingeniero. Abogado y Exdiputado del Parlamento nipón. Casado, cinco hijos y tres nietos. Suele acostarse con las muchachas que trabajan en sus empresas. Carmen, su secretaria personal, es actualmente su amante oficial, pero no la única.

Carmen
Secretaria personal y amante del director Yokomoto. 25 años, soltera. Ha introducido en la empresa como auxiliar de secretaría eventual a Tess, hija de sus vecinos, y le aconseja los caminos profesionales y extraprofesionales para mantenerse fija en la empresa. Le ha advertido que no podía rechazar la invitación de Tenko a celebrar una fiesta privada después de la fiesta de fin de año de la empresa, en la que estarán Yokomoto, Tenko y ellas dos...


Tenko
Subdirector Ejecutivo, 32 años, sobrino del Director Yokomoto, Master por la Business School de Tokyo, Master en Management en la Universidad de Berkeley-California, casado con una muchacha californiana de origen japonés, Eikhia, tienen dos hijos pequeños. Su deporte favorito, compartido con su tío, es follarse a todas las jovencitas rubias que encuentra, por las que siente una desbordada atracción. Le ha excitado desde el primer dia el aire de inocencia de Tess, y espera acostarse con ella la tarde de la fiesta de Año Nuevo de la empresa.



Tess
18 años acabados de cumplir. Auxiliar de Secretaria eventual en su primer trabajo, con posibilidades de quedarse en la empresa al término del periodo de prueba, dependiendo del informe y recomendación que presente su jefe directo, el subdirector Tenko, al departamento de personal. Estudios y cursos de formación profesional en un colegio de monjas de su barrio de la ciudad. No ha tenido novios ni salido con algún chico fijo. Conserva aún la virginidad




Breve relato de la seducción de Tess

Dia de la Fiesta de Año Nuevo 2015 de la empresa.
Sólo hay los directivos y trabajadores de las oficinas de dirección y alta gestión de la empresa. Sin parejas, lo que facilita, tradicionalmente, que la tarde ofrezca momentos, horas, hechos, que son propiciados por el ambiente alegre de una excelente comida y unas buenas y abundantes bebidas alcohólicas. 

Carmen está sentada al lado de Yokomoto, la íntima relación entre ambos es conocida por todo el personal. Cuando Tenko sienta a Tess a su lado, se cruzan entre mujeres y hombres miradas y sonrisas significativas, intuyen que la nueva muchacha que es una eventual contratada temporalmente en la oficina de la alta dirección, pronto se incorporará como definitiva. Como tambien saben que antes de que acabe el dia, la joven Tess habrá tenido una parte del cuerpo de Tenko dentro del suyo. Es el juego habitual de los dos boss, el ejecutivo CEO (Chief Executive Officer) senior y su sobrino, el ejecutivo CEO junior. 

Efectivamente, después de tres horas en la mesa del comedor privado del hotel, en la que se sirvieron abundantes manjares japoneses -Tess aún no sabía utilizar los palillos, Tenko le enseñaba cariñosamente cómo hacerlo- consumiendo bebidas de alto contenido alcohólico -Tenko le daba constantemente pequeños vasitos de sake, el tradicional licor de arroz japonés a Tess-, y de escuchar pequeños discursos de diferentes ejecutivos zonales de la empresa glosando la excelente marcha de la misma y las perspectivas también óptimas del nuevo año, se procedió a la entrega de regalos, en la que un Santa  Claus tradicional iba repartiendo los obsequios de la empresa. Tenko recogió de manos de Santa Claus el destinado a Tess -lo había elegido personalmente él en una de las más destacadas joyerías de la ciudad, como hacía habitualmente cuando se proponía seducir alguna jovencita-, y le colocó a la muchacha un hermoso reloj de una de las más prestigiosas marcas en la muñeca. Tess, en parte por la ilusión del bello regalo y en parte por los efectos de los vasitos de sake, se sintió emocionada, y, cuando poco después empezó el tradicional baile después del que muchos de los asistentes acabarían descansando en alguna de las habitaciones, solos o acompañados, antes de sentirse en condiciones para volver a conducir sus autos hasta sus casas una vez metabolizado en parte el alcohol consumido en la fiesta, Tess, casi sin darse cuenta, se encontró en el ascensor que subía a la planta principal del hotel, la de las suites preferentes, acompañada por Carmen, Yakomoto y su cortés galán, el subdirector Tenko.  

Y ya en la lujosa habitación, todo fue como una especie de sueño, un sueño bien real. Tenko sabía lo que hacía, era un hombre educado, atento, suave, cariñoso, que poco a poco fue tomando posesión del cuerpo de la desconcertada y alterada por el sake muchacha, que acogió con excitación y expectación los manejos sexuales, que su jefe japonés iba haciendo con su cuerpo, mientras observaba que a su lado, de forma rápida y sin esperar, Carmen, su vecina y  jefa directa en la secretaría de la empresa, se había desnudado y estaba en la enorme cama única de la suite, con el director Yakomoto folládola de forma enérgica, casi brutal.
Y así, cuando ya Yakomoto y Carmen habían culminado su primer orgasmo de la tarde y, efectos de la abundante comida y bebida, dormían profundamente abrazados desnudos, Tess vivió el momento tantas veces imaginado en sus ensueños nocturnos de adolescente... 

Como en una película de las que tantas había visto en internet, Tenko la desnudó, y la acarició de mil maneras, cubriendo toda su joven y tersa piel con un aceite oloroso lubricante tradicional en Oriente,  hasta que ella notó el pene del japonés empezar a introducirse en su cuerpo. Y, después, el hombre colocándose encima de ella, los cuerpos uniéndose, el pene entrando, un pinchazo, un  corte doloroso cuando él la desvirgó, los jadeos frotando su cuerpo contra el de ella mientras el pene entraba y salía una y mil veces de su cuerpo, el dolor mezclado con la excitación, el sudor, el infinito sudor que la invadió mezcládose con el aceite con el que él la había impregnado, la sorprendente brutalidad con la que  de pronto Tenko adornó sus gritos y jadeos moviéndola arriba abajo, sus besos, sus pellizcos en los pechos, sus mordiscos en el cuello, su peso encima de ella, y, finalmente,  la locura del orgasmo del hombre, sus bestiales movimientos y gritos, tan diferentes de su tierna suavidad habitual, con los que Tenko la sacudió durante un inacabable periodo de tiempo mientras eyaculaba su abundante esperma en el cuerpo de la muchacha. 

Y la respiración dificultosa de los dos cuando él acabó y se separó de su cuerpo, jadeando, tomando aire para salir del ahogo, hasta reponerse y quedar completa y profundamente dormido, mientras Tess, despierta y desolada, notaba como el semen del japonés se escapaba de su vagina y caía hacia la sábana de la cama... 

Y después, pasado un tiempo indefinible, tal vez una hora, cuando, mientras Carmen y Tenko continuaban completamente dormidos, el director senior,  el señorYakomoto, que ya había despertado, se le había acercado, la tomaba, la tiraba sobre la cama, se colocaba encima y, ahora era su turno, la cogía y la follaba con la misma energía que antes su sobrino la había desflorado... 

El despertar a la realidad... El final de los sueños y ensueños infantiles y adolescentes... Tess se dio cuenta de que aquello era real... Que había pasado, no era una imaginación... Que aquello era la habitación de un hotel, y que allí, en la enorme cama de la lujosa suite, estaban los cuatro, desnudos y sudorosos, ella, Carmen, Yakomoto, Tenko... Y que sus dos jefes japoneses la miraban sonrientes pero ávidos y codiciosos, rojos de lujuria, con ojos que mostraban claramente sus intenciones de volver a follarla los dos inmediatamente, antes de salir del hotel y marchar con sus familias, su esposa e hijos Tenko, sólo su esposa Yakomoto, que tenía los hijos y los nietos en el Japón... 

Y Carmen, que la miraba, también desnuda, con una sonrisa irónica y burlona, como dándole la bienvenida a su mundo, al mundo dorado y cínico de las chicas que medran acostándose con sus jefes...  


RELATO GRÁFICO

TENKO Y  TESS EN LA SUITE DEL HOTEL




CARMEN FOLLANDO CON EL DIRECTOR YOKOMOTO








            TENKO PREPARA A TESS PARA FOLLÁRSELA



































TENKO DESVIRGA A TESS
















TENKO SE FOLLA A TESS: LOS ORGASMOS





























EL SEMEN DE TENKO SE ESCAPA DE LA VAGINA DE TESS









MIENTRAS TENKO Y CARMEN DUERMEN, EL DIRECTOR YOKOMOTO DESPIERTA Y  TAMBIÉN SE FOLLA A TESS















EL FINAL DE LA TARDE DE LA FIESTA DE FIN DE AÑO DE LA EMPRESA... YOKOMOTO, CARMEN Y TENKO DUERMEN Y TESS SE DA CUENTA DE QUE EL MUNDO DE LA INFANCIA Y LA ADOLESCENCIA SE HA ALEJADO PARA SIEMPRE DE ELLA EN AQUELLA HABITACIÓN DE HOTEL EN LA QUE LOS DOS JAPONESES LA HAN DESVIRGADO Y FOLLADO...