viernes, 25 de febrero de 2011

DESVIRGADAS EN BARCELONA 2ª Parte

DESVIRGADAS EN BARCELONA 2ª PARTE

Irving, Celia, Humberto


Barrio marinero de La Barceloneta, Barcelona
Atardecer del Jueves.
Don Irving sacó su pene de mi vientre y se quedó jadeando a mi lado. El ruido de los truenos de una tormenta de verano se mezclaba con la cegadora luz de los rayos que iluminaban el ennegrecido cielo de Barcelona. A mi me costaba respirar, aún sentía todo el peso de su cuerpo encima del mío, su sudor se mezclaba con mi sudor, notaba como su semen caliente y abundante inundaba de nuevo mi sexo.



Al cabo de una media hora, cuando yo estaba medio dormida y notaba que la mano del hombre jugaba con mi cuerpo, el hombre me habló suavemente, me dijo que tenía que marchar al día siguiente fuera de Barcelona, a Moscú, a resolver unos negocios y que volvería en unos días. Me dijo que si necesitaba algo hablase con don Humberto, su socio y amigo cubano.


Era ya tarde, tenía que volver a casa. Don Irving había jugado de nuevo con mi cuerpo toda la tarde, de todas las maneras que se le antojaron. Hacía ya un mes de aquella tarde que él y el mulato don Humberto nos desvirgaron a Nuria y a mí.
Don Irving está loco por mí desde el día que me desvirgó. Él puede tener todas las tías que quiera, pero le vuelve loco mi cuerpo, soy altita, esbelta, delgada pero con las formas ya muy bien marcadas, con la piel muy blanca, unos muslos muy bien formados, unas tetitas como montañitas en punta hacia delante…
Todos los chicos del instituto y del barrio dicen que estoy muy buena... A don Irving, mi amigo peruano, le enloquece especialmente el momento en que, ya sea en la playa para tomar el sol, o en su apartamento para que me toque y me folle, me quito la parte de arriba del minibikini que llevo y me quedo sólo con la parte de abajo, la braguita.
En un brazo llevo un pequeño tatuaje que me ha hecho un amigo de don Irving y que según él significa que le pertenezco: un cóndor de los Andes, el ave mágica de su pueblo. Ahora don Irving quiere que lleve un piercing en el ombligo, y dice que ha encargado una pequeña pieza de 




oro para que me la ponga. Ya veremos, si a él le gusta…
Me vestí. Antes de salir y dirigirme a mi casa, don Irving volvió a besarme y me dio un sobrecito con aquellos billetitos que me daba para que me comprase cosas muy lindas, como decía él. 



Me dijo que me traería algo muy bonito de su viaje a Moscú.
Nuria había marchado de vacaciones, y estaba yo sola en casa. Mi madre todavía no había vuelto del trabajo. Y, entonces sonó el teléfono.
Era don Humberto, el mulato cubano, el amante de mi amiga Nuria.
Me dijo que al día siguiente, por la mañana, no estaría en Barcelona, pero que por la tarde me recogería en mi casa y me llevaría a ver un sitio muy chulo, el Ashé’s Resort un club suyo en la costa de Castelldefels, a unos veinte kilómetros de Barcelona y con unas extensas playas de fina arena dorada.

Ashé’s Resort, Castelldefels Playa
Tarde del Viernes
Don Humberto y yo bajamos de su auto, su chofer o guardaespaldas o lo que sea nos había abierto la puerta. Estábamos dentro, en los jardines del club.
Mucha gente saludó con gran respeto a don Humberto, que parecía conocer a todo el mundo. Él les sonreía a todos, y parecía saludarles con una extraña frase, algo así como "ashé broder", no lo entendí muy bien. Predominaban hombres maduros, incluso bastante mayores. Había una piscina, y una serie de chicas muy guapas parecían ser las camareras. Algunos señores tenían chicas sentadas encima de ellos en los sillones de piscina, y parecían estar tocándolas y besándose con ellas.
Don Humberto me dio un vasito, y me tomé lo que él definió como mi primer mojito especial de Ashé’s. Una especie de fuego me llenó el estómago, y una extraña sensación de irrealidad me invadió a los pocos minutos.
Entramos en el edificio. Había una decoración de luces de neón rosadas y azules, una paredes como si fuese una hacienda cubana, imitando un patio interior, la música eran canciones caribeñas, y, en los butacas del interior, había grupos de hombres jugando a las cartas al tiempo que acariciaban los cuerpos de chicas muy jóvenes –aunque no tanto como yo-, que también iban prácticamente desnudas, vestidas sólo con unos tangas diminutos.
A veces, algunos señores se levantaban y subían por las escaleras agarrando a una o dos chicas y desaparecían en la puertas del piso superior.
Don Humberto me tenía sujeta por la cintura, su mano apretaba mi piel, y yo sentía la mano del mulato como más fuerte, recia y cálida que la de don Irving. Don Humberto me hablaba y mimaba de forma tan cariñosa y dulce que me parecía una especie de abuelo o padre que me inspiraba seguridad.
Me dijo que subiríamos arriba, que iríamos a sus habitaciones, a descansar un poco, que vería qué cosas más interesantes tenía.
Fuimos entonces a su alojamiento, yo me sentía tranquila, con confianza, pero también creo que estaba ya bastante mareada, apenas don Humberto me había hecho beber un segundo mojito, cuando, casi sin darme cuenta, me estaba bebiendo el tercero. Estaba muy bueno, ya no notaba la reacción que me había hecho el primero, pero me apoyaba en el brazo de don Humberto para caminar, empezaba a tener la sensación aquella de estar flotando en el aire.
Llegamos, entramos, era lindo, era la primera vez que entraba a un lugar así, yo miraba para todos lados, y me reía, él me abrazaba, me besaba con dulzura, me decía que estuviese tranquila.
Era una habitación especial, yo nunca había visto nada que se le pareciera.
Una habitación con muchas plantas, muebles antiguos, música suave, tambores de fondo, una gran cama enfocada con unas tenues luces rojizas, sin aire acondicionado, calor, el balcón abierto, la piscina debajo, el mar más allá…
En una pared, un gran tapiz representaba una maravillosa joven mulata que parecía ser la señora de una isla. En el tapiz había escrito el nombre de "Ochún", que debía ser como se llamaba la joven y bella señora.



Don Humberto me miró sonriendo, y me dijo unas extrañas frases, que ahora intentaré recordar, aunque no puedo hacerlo exactamente. Me dijo algo así como:
Yo soy el fuego de tu noche, y tú serás las cenizas del humo de mi aliento, yo soy el caimán que llega silencioso por el fango, y me acompañan tempestades, fuego, mar, yo soy los tambores batá y la flecha que penetra tu pensamiento y tu cuerpo… Ochún, te la ofrezco en sacrificio, dame tu fuerza, renueva mi vigor…
Después puso música lenta, una especie de bolero, me abrazó, y empezamos a bailar, me besaba, estábamos muy juntos, y podía sentir a través de la ropa como su pene iba creciendo rápidamente en su vientre, seguimos así un rato, después me levantó en sus brazos, me acercó a la cama, y comenzó a quitarme la ropa, lo hacia muy lentamente, mientras seguía besándome y diciéndome cosas que yo a veces no entendía, parecía un extraño idioma, como africano, que me intranquilizaban y me hacían sentir muy rara, don Humberto casi me daba miedo, hasta que quede casi desnuda, me depositó en la cama, y comenzó a desvestirse, yo lo miraba con sorpresa y nerviosismo, hasta que quedo completamente desnudo…



Su cuerpo se dibujaba en la sombra de las luces rojas, acercándose hacia mí, poco a poco, musitando extrañas palabras, entonces yo vislumbré un gran pene enhiesto en el vientre del mulato cubano… 



Me quedé mirándolo absorta, sin poder apartar la vista de su verga que continuaba aproximándose a mi…



Se acercó al lecho y se dejó caer lentamente, ocupando casi todo el espacio. Noté el calor, el sudor de su cuerpo ya muy cerca del mío, tocando mi piel en algunos momentos. Continuaba musitando una especie de extraña letanía, y se colocó de costado casi encima mío, puso su rodilla entre mis piernas, las abrió muy lentamente, y me acariciaba y besaba los muslos, y lentamente iba subiendo...



Don Humberto Chalquis, con la mano que le quedaba libre me apretaba las tetas y  pellizcó mis pezones… Gemí del placer que sentí, era como si flotara en el espacio, como si estuviese volando por el cielo junto al cubano…. Se había colocado ya encima de mí bañándome con su sudor… Yo, entonces, con mis piernas abrazaba sus piernas y culo mientras él no paraba de meter su lengua en mi boca…
Don Humberto Chalquis tiró hacia abajo con la mano, y me fue bajando la braguita, dejando al descubierto mi chochito, como él decía,  con el que empezó a juguetear introduciendo sus dedos.
Enseguida se inclinó de nuevo hacia abajo, y noté su lengua abrirse paso en mi sexo, yo me retorcía del placer que sentía, gemía de ansias de que me la metiese. Y allí estaba su pene, tieso, desafiante, todo para mí en cuanto él decidiese metérmelo.
Noté que su pene comenzaba a temblar. Don Humberto  me colocó boca arriba situando mi cabeza en el centro de la almohada, me abrió bien las piernas mientras yo a mi vez las levantaba para apretar y abrazar con ellas su cadera y sus muslos, como me había enseñado a hacer don Irving, se giró y puso su cuerpo encima del mío.



Sentí su verga caliente frotarse en la puerta de mi sexo y aquel contacto me hacía vibrar de angustia y deseo. La punta de su polla empezó a meterse en mi vientre, mi vagina estaba húmeda esperando a su deseado invitado. Gemí, clavé mis uñas en su espalda, sentí su lengua pasearse dentro de mi boca, gusto a tabaco y alcohol igual que con don Irving, los pelos mal afeitados de su rostro pinchaban la piel de mi cara,
Yo estaba avergonzada de lo que estaba haciendo, pero a la vez me estaba consumiendo del fuego de mi cuerpo, los gemidos se me escapaban uno tras otro de mis labios.



 Entonces, el hombre se ayudó con la mano y con sólo un violento y decidido empujón hacia delante me metió el pene hasta el fondo, sin ninguna consideración. Sentí daño, como si me cortasen por dentro, casi como la primera vez con don Irving, cuando el peruano me desvirgó. La verga del cubano era más ancha que la de don Irving, se metió en mi vagina ocupando mucho más espacio, con la rapidez de un rayo…



No me podía quejar, yo lo había provocado, yo solita había colaborado con don Humberto, había aceptado sus caricias, había excitado al hombre hasta el paroxismo frenético de la locura, y ahora el cubano tomaba su presa, me devoraba con su boca y su polla se había clavado hasta lo más profundo de mi vientre… Y yo, quería de forma inconsciente o consciente sentirla dentro de mi cuerpo, así que todo estaba como tenía que estar…
Se dejó caer encima de mi cuerpo, aplastaba mis tetas, hundía mi vientre, me inundaba con su sudor y su aliento a bebida y tabaco, y entonces ya comenzó el mete-saca. Me la metía y casi me la sacaba, me la metía y casi me la sacaba, cada vez con más fuerza, cada vez a más velocidad, cada vez más hacia dentro, yo notaba la presión como si me fuese a reventar…



Nunca hasta entonces había sentido nada igual. Aquello era aún mucho más violento, más fuerte, más bestial que con don Irving… Me sentía como una ovejita devorada por un lobo feroz, mi carne le pertenecía, prieta, mi coñito, ahora bien dilatado por su enorme pene, era suyo, todo era suyo, todo le pertenecía, me dijo jadeando que me estaba follando como a una perrita, que me iba a follar todo el día, que me iba a meter hasta la última gota de leche en mi sexo…

Parecía que don Humberto se había vuelto loco, que me iba a destrozar, pero yo nada podía hacer, lo que me estaba haciendo me dolía, me ahogaba y me gustaba como nada antes en el mundo, esperaba que aquella tortura de mi joven cuerpo acabara lo antes posible, pero deseaba que nunca acabase, que aquello continuase eternamente, que el mulato no sacase nunca la polla de mi vientre, que no se levantase de encima de mi y ojalá que su cuerpo me aplastase toda la eternidad…



Y seguía su incesante movimiento, sacando y metiendo su verga en mi vagina…. Notaba como el hombre sacaba toda la polla casi hasta la punta, dejándose caer para meterla dentro de nuevo de un golpe, y así una y otra vez, sin parar ni un segundo, cada vez a más velocidad y brutalidad...
Don Humberto Chalquis tenía los ojos en blanco, su boca entreabierta jadeaba y gemía de placer, y a mi me faltaba la respiración, su peso me aplastaba contra las sábanas, pensé que iba a desmayarme, todo me daba vueltas, los ojos se me inundaron de su sudor y me sentí morir…



¡De qué manera me la había metido! ¡Cómo me estaba follando, sin piedad ni descanso, tenía encima de mi un auténtico monstruo, un caballo desbocado…!Pero que bien, qué placer sentía al tener dentro aquella polla negra que me llenaba el vientre y que yo sentía que me llegaba por dentro tal vez hasta la cintura!
Ni don Humberto ni yo queríamos que ese momento se acabara jamás y grité..."¡¡¡ Oh, no me dejes nunca, sigue, sigue!!!" Entonces comenzó él a moverse aún con más velocidad y fuerza, y ya me quedé prácticamente fuera de mí, como enloquecida. El no paraba de follarme, y yo, yo como ahogándome entre jadeos y sudor, le besaba, abrazaba y su polla iba y venía cada vez más mas dura, enorme y fuerte.



Jamás había imaginado que esas sensaciones que el mulato cubano me estaba haciendo sentir existieran, aquello era mucho mejor que la primera vez, cuando don Irving me desvirgó, aquello ahora me parecía mucho más suave en comparación a aquella manera infernal que tenía don Humberto de follar... Ahora entendía lo que me explica Nuria, cuando me comenta el daño que le había hecho el cubano al desvirgarla, pero lo bien que se lo pasa ella después cuando va al apartamento de hombre a ser follada por él, igual que yo voy con don Irving…

Don Humberto empezó a gritar, a aullar como un lobo, a relinchar como un caballo, mientras me movía de un lado a otro con unos movimientos violentísimos al tiempo que continuaba medio sacando y clavando su polla hasta el final de mi vagina, y ahora yo notaba como, a cada metisaca de su verga, el espasmo inundaba mi sexo de oleadas de su líquido muy caliente y viscosa. Su polla era como una fuente explosiva que estaba abocando torrentes de semen dentro de mi vientre.



Me quedé de golpe sin respiración, era como si me ahogase, él , al tiempo que daba espantosos alaridos de placer mientras se corría dentro de mí, apretaba mi cuello como si me fuese a estrangular, me faltaba el aire, y, entonces me corrí yo, me ahogaba, pero entré también en un orgasmo tremendo e infinito… me sentía morir de placer, no respiraba, jadeaba, el mulato ya no me apretaba el cuello, sino que impulsaba mi cuerpo arriba y abajo violentamente, con sus manos agarradas a mi culo, su cuerpo aplastando el mío, su pecho hundiendo mis tetitas, yo era un monigote, una piltrafa que el movía a su antojo, yo me sumergía en oleadas de increíble placer, le besaba, le agarraba el culo, le pellizcaba, impulsaba sus nalgas a penetrar su polla más profundamente en mi, quería que me atravesase…
El cubano ya no podía más, ya no salía más semen de su verga, litros de sudor salían de su piel e inundaban mi cuerpo, se dejó caer, vencido, encima de mí, aplastándome aún más, pero yo no me apartaba, el ahogo de su peso me continuaba dando placer … Y oí que el mulato emitía un sonido sordo, una voz, casi como un invocación, dijo, con voz tenebrosa, algo así como: ooochuuunnn…



Pasó un tiempo, no sé cuanto, yo ya no tenía ninguna noción del tiempo, me quedé paralizada, con él como durmiendo encima de mi, inundado mi cuerpo de sudor y semen, respirando con dificultad, jadeando, su peso me aplastaba… Cuando de pronto, lentamente, sacó el pene de mi sexo y se colocó a mi lado, con una pierna sobre mi pubis, un brazo y la mano jugando con mis tetitas, pasándome la lengua por el cuello y mordiéndome como un vampiro… Yo notaba un líquido viscoso, caliente y pegajoso moverse por mi vientre y muslos… Así, creo que se quedó dormido, y, poco después, tremendamente agotada, con una sensación de estar flotando en la habitación,  creo que también me dormí enseguida…



Me desperté cuando había pasado cerca de una hora. Sin darme cuenta, don Humberto se había despertado, y, como no se había separado de mi cuerpo, de nuevo parecía estar excitado. Miré hacia abajo y vi su pene otra vez preparado para atacarme… Oh, no, pensé, dolorida y agotada, otra vez, tan pronto, no, por favor…



Entonces, don Humberto me dio media vuelta y me puso de espaldas, y luego me obligó a ponerme como si yo fuera una perrita. Mis pechitos descansaban en la sábana y, él desde atrás me los apretaba con fuerza, casi haciéndome daño.
Me levantó la parte del culo… Se dedicó a jugar y pellizcar mis nalgas, y pensé que ahora tenía el capricho de follarme como si fuésemos un perro y una perrita. Era algo nuevo, don Irving nunca me lo había hecho de esa manera… Tal vez era divertido, aunque algo incómodo… Don Humberto estaba haciendo algo bastante asqueroso, se había puesto saliva en los dedos e intentaba irlos metiendo en mi culo, no imaginaba yo para que hacía algo tan raro.



Y entonces don Humberto se colocó encima de mí por detrás, tal como me pensaba, como si fuera un perro. Sentí su pene de nuevo, pero,… ¡¡¡Ahora me había colocado la punta en la entrada del agujero del culo!!!…
¡ Ahora me daba cuenta de lo que don Humberto pretendía! ¡Qué tonta que soy! Don Humberto me iba a meter el pene en el culo, cosa que no me había hecho nunca don Irving, y que yo me imaginaba como una cosa sucia y asquerosa, No, eso no, no le iba a dejar, en la vagina lo que quisiese, pero en el culo, ¡No!




Empecé a moverme para ponerme al revés, con la espalda en las sábanas, pero me encontré con la sorpresa de un don Humberto desconocido, fuerte, violento. El mulato sacó una extraordinaria fuerza de no se dónde, y me inmovilizó completamente. Con una de sus manazas aplastó mi cabeza contra la almohada, mientras con la otra levantaba mi culo. Yo gemí e intenté protestar. Entonces el hombre me agarró los dos muslos por el interior, me levantó el culo, deslizó sus manos a las nalgas, apretando mi carne, y con los dos pulgares dejó bien al descubierto el agujero de mi ano.

Intenté desasirme, y volví a sentir la punta de su polla en mi culo. De pronto, mientras yo me agitaba, noté como su polla entraba en mi cuerpo, se abría paso en mi culo. Me la metió de golpe, con un empujón frenético hacia delante, al tiempo que daba un grito monstruoso en la extraña lengua que parecía utilizar aquella tarde. 



Sentí un dolor terrible, como si una navaja me estuviese cortando por dentro, y dejé ir un alarido espantoso, de dolor y horror por lo que el hombre me estaba haciendo, por el daño tremendo que me estaba ocasionando al desvirgar mi culo.

Yo lloraba, gemía, continuaba el dolor, mientras él me follaba exactamente como un perro, se movía de la misma manera, jadeaba, decía palabras incomprensibles, aplastaba mi cara contra las sábanas... 



Cuando yo intentaba resistirme o moverme, hasta que llegó un momento en el que sus movimientos fueron espeluznantes, me movía entera, me arrastraba arriba y abajo, y empezó a gritar como si fuese un monstruo inhumano, y me di cuenta de que se estaba corriendo, estaba eyaculando dentro de mi culo, el hombre tenía un orgasmo tremendo que lo había transformado en una fiera, pero pensé que tal vez si ya se agotaba acabaría mi tortura…



Poco después se dejó caer, y yo quedé con la cara, el pecho, el vientre, aplastados contra la sábana, mientras tenía todo su cuerpo, todo el peso de don Humberto encima de mi, su cara hundida en mi nuca, su pecho contra mi espalda, su sexo sobre mis nalgas, su polla todavía metida dentro de mi cuerpo, todavía dura, todavía guerrera… Él jadeaba, parecía ahogarse, aunque empezaba a recuperar la respiración, y yo seguía gimiendo, lloraba sintiendo un gran dolor en mi culo…



Dolor que aumentó unos momentos después, cuando el hombre se apartó de mí poco a poco, cuando su pene se abría paso de nuevo para salir de mi culo…



Don Humberto se quedó a mi lado, extendido sobre la cama, y yo me pude por fin colocar con la espalda en las sábanas, con mis ojos perdidos en los colores rojizos del techo… Él recuperaba la respiración, yo seguía gimoteando de dolor, me seguía doliendo, ahora que tenía el culo contra las sábanas… Y, con sorpresa, me di cuenta de que ahora el hombre estaba roncando, don Humberto se había dormido otra vez de golpe, debía estar supersatisfecho, después del polvo que me había echado por delante y de desvirgarme después por el culo…
Me sentía muy mal, pero no me podía mover… Recuperé la respiración, me notaba sucia, bañada de sudor, con todos los olores del cuerpo del cubano impregnando mi piel… Me giré y miré su cuerpo desnudo, el pelo de su cuerpo, su pene grande pero ahora ya blando en medio de sus enormes testículos llenos de unos largos y rizados pelos negros… Roncaba, roncaba como un animal satisfecho y saciado…



Pasó un tiempo, no sé cuanto… Él seguía roncando… Yo reuní fuerzas y me levanté de la cama para ir al baño que había visto al lado de la entrada de la habitación… Donde yo estaba acostada, vi sangre donde reposaba mi culo… No me extrañó, sabía que don Humberto me había hecho mucho daño, era como si me cortasen por dentro, no me extrañó ver allí que me había salido sangre por el culo…
Entré en el cuarto de baño… Decoración muy lujosa, al estilo del Caribe… Encendí la luz, era un tenue fluorescente de neón rosado… Me miré al espejo… Estaba despeinada, con la cara sucia, llena de una mezcla de lágrimas, saliva, sudor mío y de don Humberto… Me vi desnuda, pero me di cuenta una vez más de que tengo un cuerpo muy bonito, yo ya sabía, por don Irving que mi joven cuerpo de adolescente tenía una magia especial para los hombres… La primera parte no había estado mal, pero después, cuando don Humberto decidió desvirgar mi culo, me había hecho daño… Pero… No sé, tal vez había sentido algo, a pesar del dolor, tal vez, si lo probase otra vez y no me hiciese daño…
Llené la bañera con agua tibia y me introduje en ella… Sentí que las fuerzas volvían a mi cuerpo…
Me di cuenta, al volver a la habitación y ver a don Humberto, que continuaba roncando, que los dos hombres, don Irving y el mulato cubano, ocuparían un lugar primordial en la historia de mi vida…  Me senté y noté que el culo me seguía molestando, me hacía daño al moverme...



Me entró un cierto temor, un cierto miedo a no encontrar en el futuro, entre la gente de mi edad, a chicos que me hicieran disfrutar, a pesar de todo, tanto como aquellos dos hombres que me habían desvirgado…
Dos horas después, un coche del Ashé’s Resort me llevaba de nuevo a Barcelona. Don Humberto se había quedado en el club, y me sonreía pícaramente cuando me dio un sobre con quinientos euros, para que, tal como hacía don Irving, me comprase cosas bonitas que me gustasen…
Cuando protesté un poco de que el culo me hacía daño al sentarme, que no tenía que habérmelo hecho, don Humberto sonrió y me dijo que no me preocupase, que no pasaba nada, que sólo hacía daño la primera vez, igual que cuando me había desvirgado por delante don Irving, y que después ya vería como me gustaría que me lo hiciesen también así… Me dio un medicamento, una pomada, para que me la pusiese en el culo si me hacía daño. Eso sí, me dijo que no fuese al médico si no dejaba de hacerme daño, que los médicos hacen preguntas inconvenientes, que él tiene muchos amigos médicos que me visitarían enseguida con toda discreción, pero que seguro que no haría falta…
También me dijo que a Nuria sólo se lo había hecho hasta ahora por delante, pero que en cuanto ella volviese de vacaciones la llevaría también al Ashe’s Resort, o a su apartamento en el barrio marítimo, y se lo haría también por el culo, como a mi… Llegué a mi casa. El culo me continuaba haciendo mucho daño, no podía sentarme en las sillas, sólo en el sofá o estirarme en mi cama… Me curé el culo con algodones y agua oxigenada, en la braguita tenía algo de sangre que me había salido con los movimientos del coche… La pomada me calmó algo el dolor, me puse la tele, estaba sola, mi madre estaba trabajando…
Me notaba bastante nerviosa… Fui a mi armario, saqué mi cajita de música de cuando era pequeña, y miré mi tesoro… Allí guardaba lo que no me gastaba del dinero que me iba dando don Irving… Y ahora añadí los quinientos euros que me acababa de dar don Humberto… Yo sabía, que si hacía lo mismo que don Irving, esto era sólo la primera vez, otras veces que nos viésemos me daría cien o ciento cincuenta euros… Pero ya me iba bien, ahora me estaba dando todos los caprichos, ya tenía aquellos pantalones tejanos que estaban de moda y eran tan caros… Y no unos, sino tres…
Salí de casa y me fui a ver a mi madre al trabajo… Estaba mejor caminando o de pie que sentada…



Barcelona y Ciutadella de Menorca, 2005 - 2012